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Rosalba Montoya, directora de ManpowerGroup para el Área Andina de Sudamérica
Según el más reciente estudio realizado por la industria de servicios de empleo Manpower sobre Escasez de Talentos, uno de los puestos más difíciles de cubrir en nuestro país es el de Contador Público. Dentro del Top 10, en el puesto 6 aparecen los profesionales contables. De igual manera, el 33% de los empresarios aseguran tener problemas para conseguir empleados.
Nos pusimos entonces en la tarea de hablar con la firma que realizó la encuesta para saber los argumentos puntuales alrededor de la situación de los profesionales contables. Y fue así como dialogamos con Rosalba Montoya Pereira, gerente nacional de la compañía y quien tiene más de 35 años de experiencia en gestión del talento humano y recientemente asumió la Dirección de ManpowerGroup para el Área Andina de Sudamérica, teniendo a cargo las operaciones de Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.
La tendencia es buscar un contador más integral, con más visión estratégica, relacionado más estrechamente con las demás áreas y facilidad de relacionamiento, menos ensimismado. Debe hacer mucho equipo con el resto de la organización y tener habilidades de negociación.
La inversión extranjera directa exige además que sean bilingües y con certificados en normas internacionales relacionadas con su profesión. Estos perfiles son escasos.
Precisamente, contadores más amplios en el concepto de su profesión. Personas con visión estratégica, capacidad alta de interacción y aplicación de su profesión en muchos más campos y contextos de negocios.
Las universidades deben estar al día con las situaciones cotidianas de las empresas y hacer de ello parte del conocimiento. Por eso el profesor de cátedra que trabaja en empresas es tan importante. Pero la universidad no es una fábrica a la que la persona entra en bruto y sale formada, esta es una visión industrializada de las cosas y recordemos que estamos hablando de personas.
La persona misma debe aprender en la universidad y en el ejercicio profesional a tener una competencia investigativa, una capacidad heurística que consiste en formar para sí mismo la capacidad de tener criterio profesional, método para aplicar el conocimiento y usarlo para innovar, dar valor a su saber profesional. El profesional no es un producto que salga listo de la universidad, siempre está formándose y actualizándose.
Por otra parte, es fundamental dar más énfasis educativo al tema de valores en las personas, y en ello la universidad puede aportar más. No solamente es cuestión de una materia sobre ética, sino en reforzar las competencias actitudinales de la gente y la bondad de ella ante las agresividades que despierta el medio laboral, que es muy exigente.
Depende del nivel del puesto y de la estructura empresarial y de costos del empleador. El contador con funciones operativas específicas de la profesión en una pyme puede ganar un millón y medio en promedio, pero si se trata de un contador con funciones de gerente administrativo o financiero, con equipo interdisciplinario a cargo y funciones más amplias, puede ganar un promedio entre 6 y 8 millones de pesos, en nuestra experiencia.
La falta de actitud abierta para hacer equipo con otras áreas, de segundo idioma, de certificados internacionales, etc, son quejas comunes. Pero lo más importante es que los contadores deben saber, más allá de lo legal o lo específico de las normas tributarias, sobre los aspectos holísticos de la compañía y, muy específicamente, de lo relacionado con la satisfacción de los clientes.
Lo anterior trae además la solución a una queja recurrente de las empresas: el contador que, basado en la normatividad, siempre dice ante las iniciativas y consultas del resto de la empresa “no se puede”. Conocer las realidades diversas del negocio da un criterio más amplio para ver la normatividad no como algo para interpretar taxativamente, sino para facilitar que los procesos se hagan dentro de un marco legal organizado.
Es común ver profesionales en un estado de confort con varias revisorías fiscales y que ya con ello cumplen sus expectativas laborales. Eso es válido. Pero el medio ofrece oportunidades si se trata de llegar más lejos. La actualización, la interacción con otras áreas de la empresa, el conocimiento de otras culturas del mundo, abren puertas más allá de la cierta comodidad que se experimenta al dominar el trabajo con los libros de contabilidad y asumir otros retos nuevos.
No, el mercado laboral no tiene una sola arista, un solo punto de vista. En él confluyen muchos fenómenos, incluso contradictorios, simultáneamente. Hay ofertas de trabajo en todos los niveles, operativos, estratégicos, de altos perfiles, con educación básica o con postgrados, informales y formales, etc. Es un mercado con muchos sub mercados, y en cada uno de ellos hay diferencias dadas por la vocación económica de las regiones o de los sectores, valga repetirlo, económicos. Es además un mercado dinámico, en el cual según el clima económico y las circunstancias de los negocios, unas profesiones se mueven menos en unas épocas y más en otras.
Es entonces fundamental que las personas se informen estratégicamente sobre cómo se comporta el mercado laboral, para poder hacer los movimientos correctos en él. Para ello están las cifras del Dane y la Encuesta de Expectativas de Empleo de Manpower, por ejemplo. Además es importante manejar, también estratégicamente, los contactos que las personas tengan para abrirse oportunidades laborales. En un mercado cualquiera, incluido el laboral, es así como se logra abrirse camino.
Oficialmente se habla de algo más de 60% de informalidad laboral en Colombia. Esta cifra, que puede en la práctica ser mayor, ya dice mucho sobre la calidad de los empleos. Sin embargo hay más aspectos. Es altísima también la cifra de subempleo, que consiste en la población empleada que no está conforme con el trabajo que tiene (no necesariamente por informalidad, hay muchas más razones, desde el salario hasta el clima laboral).
En esa medida, la OIT tiene claros los parámetros para decir que un empleo es digno y decente, es decir, con las prestaciones de ley, con el derecho a hacer parte de la deliberación sobre las condiciones de trabajo, con la seguridad social e industrial necesaria, etc. En ese sentido el país, y casi todos los países, se mantienen en una disyuntiva entre las garantías a las cuales los trabajadores aspiran y la viabilidad de tener esas garantías en las empresas en medio de las incertidumbres de los mercados. Es uno de los debates sociales más importantes e intensos de la civilización actual.
El Ministerio tiene para ello sus inspectores para acompañar a las empresas en la formalización laboral y la adopción de las condiciones necesarias para que el trabajo sea digno y decente dentro de los parámetros de la OIT. Pero, por supuesto, cualquier esfuerzo para ampliar el impacto positivo de las visitas y asesorías del Ministerio a las empresas, es necesario. Es una manera muy válida de llevar a la práctica las políticas públicas y las leyes laborales.
Que el mercado laboral es muy dinámico, y por supuesto, como en todo mercado, no todos los actores son competitivos siempre si no se saben adaptar a cada cambio. Flexibilidad y adaptabilidad son palabras claves, además de lo que siempre decimos que es lo principal que una persona debe tener para competir en el mercado laboral: ser confiable. Cuando una persona logra que los empleadores confíen en ella, no le falta trabajo.
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