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Christian Briker / Director Visión Universidad de La Sabana
Aprovechando esta época afanosa e irritable del calendario tributario nacional, vienen a mi memoria una seria de experiencias, algo complejas y porque no decir preocupantes sobre el comportamiento del empresario colombiano hacia el pago de los impuestos.
Obviamente, desde el punto de vista del sis tema capitalista y de economÃa de mercado que rige nuestros asuntos económicos, no creo que exista en el mundo ningún empresario que pague con muchÃsimo agrado los impuestos correspondientes. Eso es normal y de alguna manera comprensible, si se tiene en cuenta que alrededor del tema tributario se ciernen una serie de falacias que no son otra cosa que automotivaciones para no cancelarlos adecuadamente.
Sin embargo, como decÃa un experto con quien alguna vez desarrollamos un proyecto conjunto, el problema no radica en la elusión de los impuestos sino verdaderamente en la evasión y mala fe. Es aquÃ, precisamente dónde viene mi gran preocupación acerca de la manera como estamos los empresarios enfrentando nuestra realidad tributaria y empresarial. El mes pasado tuve la oportunidad de poder ayudar a un pequeño y mediano empresario, por cierto muy exitoso e innovador en su negocio y lÃder en su región, en la valoración de su empresa para la venta de la misma a una multinacional lÃder también del sector.
Cuando empezamos a desarrollar el trabajo, nos encontramos con la desagradable sorpresa que la empresa tenÃa una contingencia tributaria del 166 por ciento de sus ventas totales anuales. Esta situación era fruto de un pésimo manejo de la situación fiscal y tributaria de la compañÃa que significaba, sin lugar a dudas, que la empresa con las ventas de todo un año, podrÃa cubrir sólo el 66 por ciento de la contingencia presentada por este manejo inadecuado.
Esto ¿a qué llevarÃa? Necesariamente a la liquidación forzosa de la empresa por parte de las autoridades competentes, ya que no habrÃa cómo cubrir el monto total de la contingencia. Pero el drama no para ahÃ, desafortunadamente.
En el momento que nos sentamos a negociar con la gran multinacional, sus asesores lógicamente detectaron el problema y ya estábamos sentados en la mesa con un punto negativo.
¿En qué paró todo? En que la pequeña y mediana empresa lÃder, innovadora, eficaz y fruto de más de 20 años de trabajo arduo y abnegado se tiene que vender a la tercera parte de su precio real porque su manejo contable y tributario no fue el adecuado. Fue sinceramente una muy dura lección, especialmente por el empresario.
¿De quién es la culpa? De todos, del sistema, de nuestro sistema de educación, de nuestras costumbres y de todas aquellas personas que rodean al empresario y especialmente también del empresario creyendo que este tipo de actuaciones, muy normales en la vida cotidiana colombiana, nos generan algún beneficio económico.
Con esta triste experiencia hay que poner un grano de arena en la mejora de nuestras costumbres empresariales y sobre todo exponer ante los pequeños y medianos empresarios colombianos que este tipo de prácticas normalmente no son rentables y nos llevan a perder plata considerable en el tiempo.
¿Vale la pena arriesgarlo todo por esto? No creo sino miremos y repasemos con calma esta experiencia tan amarga de este empresario.
¿Hemos cometido un error? ¡Reporta una corrección!
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