En ocasiones las palabras o expresiones se vuelven tan comunes que pareciera que perdiese su significado, valor o vigencia y hablar de ellas, es tan elemental, que hasta su importancia y trascendencia quedan en el vacío. Aquí cabe decir: que el uso genera el desuso, de ahí, que podamos cometer “errores involuntarios” que a la larga no son tan involuntarios cuanto irreflexibles. Perdemos muy fácil el norte de las cosas y para que hagamos conciencia de esta consideración, asumamos un ejemplo, como es el de la “fe pública” Da fe pública el notario, el sacerdote, el testigo, el contador y otros profesionales, muchas veces confiados en otros, sin mucho fundamento, análisis o verificación. Pero esto de la fe pública sí que va en serio porque es comprometedor y sancionable. Veamos lo que nos dicen de la “fe pública”