Especialmente con la publicación de espacios cómicos en actualÃcese.com, se ha puesto más de manifiesto el prurito o sÃndrome de la necesidad que tenemos los contadores de que nos den trabajo por decreto y de que las leyes sean las que amplÃen nuestro universo de trabajo.
Contrario a este sentimiento, normas como las tributarias que establecieron la obligación de tener revisor fiscal fijando montos de capital y de ingresos, solo han servido para aumentarle las responsabilidades a los contadores frente al estado y a los empresarios y a desnaturalizar esta institución, que debiera ser tan respetable, si no más, que la del notario o el registrador.
Desnaturalizarla si, pues la revisorÃa fiscal como se concibe en Colombia está creada para hacer una auditoria integral y permanente de la Sociedad, auditoria de la que no se excluye ningún estamento de la empresa y de la que se reporta a una asamblea de socios con total independencia. Y con las normas tributarias pretendieron crear dentro de la empresa algo asà como un auditor de impuestos que no tiene cabida dentro de la estructura administrativa de ninguna sociedad y mucho menos a las que resultaron objeto de esta imposición que son en su mayorÃa sociedades de personas, en las que los mismos socios administran y no existe la necesidad de un revisor fiscal.
Además de la equivocada intención de estas normas, los contadores accedimos a que como no es una necesidad administrativa para los empresarios, podemos en unas pocas horas al año, darnos un criterio de la empresa para dar un dictamen, sin elaborar un trabajo estructurado y cobrando sumas ridÃculas, que en nada se compadecen con las responsabilidades que se han asumido, contribuyendo asà al deterioro generalizado que tiene la profesión, en materia de calidad del trabajo y consecuentemente su remuneración.
Pareciera también (viendo los chistes que se publican), que solo los impuestos fueran la base de nuestra actividad, donde están pues todos nuestros conocimientos de diversas materias, que podemos no ser especializados pero que sà necesitamos para poderle brindar unos buenos servicios a las empresas.
Quienes trabajamos con empresas medianas y pequeñas, que no pueden contratar asesores en cada materia y mucho menos tener personal de planta especializado, necesitamos un bagaje de conocimientos muy amplio de todas las materias que tiene que ver con nuestro oficio y con las empresas.
Que mejor vacuna contra este sÃndrome, ser un profesional bien preparado y eficiente,  de manera  que nos llamen a aplicar por un trabajo no por el monto de honorarios que pedimos sino por la calidad de nuestros servicios y que no tengamos que esperar a que el gobierno o los legisladores cambien los códigos para que tengamos más puestos.
Autor:
“Sancho“. Luis Jorge Bernal Moreno.
E-mail: ljbernalm@gmail.com
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