Responsabilidad Del Gobierno Corporativo En El Caso Parmalat

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  • Publicado: 2 marzo, 2004

 
America Consulting Group
* Miguel A. Cano
** René M Castro

 

En nuestro articulo anterior comentábamos acerca de la pérdida de confianza pública, generada por los manejos fraudulentos de directivos y administradores ubicados en la cúpula de las organizaciones de clase mundial y por ello la importancia que adquiere el tema del buen Gobierno Corporativo, definido tradicionalmente en códigos de conducta, como la responsabilidad de la junta directiva de las organizaciones respecto a su comportamiento transparente en todas sus actuaciones y decisiones , es por ello que se hace necesario retomar el tema de la ética empresarial desde una perspectiva global, especialmente acercando el término a la realidad actual, en una sociedad en progreso y muy diferente en su entorno a la conocida en el siglo pasado.

El caso Parmalat nos ha dado todos los elementos de juicio, para analizar en este articulo, las situaciones particulares de este escándalo que ha enlodado a países, organismos multilaterales, supervisores, analistas de inversión, analistas de riesgos, entidades bancarias, reguladores, etc. y tratar de establecer cuáles fueron las fallas del gobierno corporativo en la empresa.

La ética en los negocios, que para el premio Nobel de Economía 1998, Amartya Sen, es vital en la lucha contra la pobreza o protección del medio ambiente, está en la cresta de la ola sobre todo a raíz de los escándalos de Enron, en Estados Unidos, hasta el más reciente escándalo de Parmalat, en Italia.

Pero las críticas a las actuaciones de ejecutivos y contadores no es lo único sobre el tapete, quizás ahora lo más importante es el interés que demuestren las compañías por fijar reglas de conducta que guíen a empleados de todo nivel y a los directivos. Los negocios y las economías de los países, según Sen, deben regirse no sólo por el beneficio económico sino también por otros valores como lealtad con otras empresas o industrias. La transparencia en los mercados promueve una competencia saludable y los líderes empresariales con altos estándares éticos también promueven la lealtad y el compromiso de los empleados.

Parmalat, el octavo grupo industrial en Italia con cerca de 36.000 empleados repartidos en 30 países, había acumulado enormes deudas en los últimos años en su evolución para convertirse en una multinacional del sector alimentario, conocido en especial gracias a sus productos lácteos. En su crecimiento contó con el apoyo de algunos de los más importantes bancos del mundo, entre ellos el Banco de América, Merrill Lynch, JP Morgan, Chase Manhattan y Citigroup.

No hace falta poseer acciones o bonos de deuda de esa empresa, ni ser uno de sus 36.000 empleados que ven peligrar su trabajo para ver el mundo como algo misterioso donde suceden cosas inexplicables o tratar de encontrarle a esas cosas su razón. ¿Alguien puede pensar que 18.000 millones de dólares se esfuman de repente? Al menos, parece que hay quienes nos lo quieren hacer creer. Vamos a dar la lista: calificadoras de riesgos, publicaciones especializadas, bancos internacionales, firmas de auditoras internacionales, consultorías financieras, organismos de control de las bolsas y de la banca, etc. Para ellos, todo estaba en orden hasta el día anterior al que se denunciara la falsedad de un supuesto depósito de Parmalat en Islas Caimán, lo cual derivó en la declaración de insolvencia de la empresa.

Examinemos la responsabilidad de algunos de ellos y el cumplimiento de los códigos de buen gobierno corporativo: por ejemplo, las calificadoras de riesgos, prestigiosas y serias y con autoridad que pueden afectar la economía de los países, bajando la calificación.

Deberíamos mencionar también a las revistas y diarios especializados, cuyos "expertos" columnistas y analistas no vieron nada raro. Los bancos internacionales, que sólo se preocupan por exigir a los países garantías y con los grupos empresariales son más laxos. Cuando una persona común y corriente hace un depósito, le exigen certificados y documentos adicionales, incluyendo aquellos para prevenir el lavado de activos y la evasión fiscal pero las transferencias y depósitos de cientos de millones de dólares se hacen con discreción y rapidez y, como en el caso de Parmalat, adelgazan y se esfuman a lo largo de sucesivas operaciones. El dinero sucio va a cuentas especiales, fuera de la contabilidad oficial y en algunos casos a las llamadas cuentas de orden.

Las firmas de auditorías más importantes del mundo dieron por buenos los datos de la contabilidad que falseaban cifras por decenas de miles de millones de dólares —contando solamente Enron y Parmalat— pero cuando los fraudes quedan en evidencia las casas matrices de las firmas toman distancia de sus filiales, las desautorizan y les retiran la posibilidad de seguir utilizando su nombre.

Por lo que se sabe, el fraude se ha cometido con medios muy sencillos: control de la correspondencia de los auditores, recibos bancarios falsificados con un scanner y una fotocopiadora y cambios de domicilio social, para no tener que cambiar de auditor, como exige la ley italiana, con lo cual era más sencillo engañar al auditor tradicional, que continuaba haciendo su trabajo con la despreocupación nacida de la confianza ganada con una documentación uniforme e históricamente falsa. Si las cifras de la falsificación del balance se confirman, estamos hablando de más de 10.000 millones de euros de activos inexistentes, compensados con la misma cantidad de créditos bancarios, obligación y fondos propios perdidos por todos los que han confiado en la empresa. La empresa falsificaba sus balances desde hacía 15 años al parecer con la complicidad de un grupo de bancos nacionales e internacionales (según los fiscales que investigan el caso), que contribuían a disimular las pérdidas y disfrazar las inversiones con complejos esquemas y de una estructura estable de ejecutivos leales a Tanzi, quien reinaba con estilo patriarcal.

Parmalat, está inmerso en un escándalo tras reconocer un "agujero" contable en su filial Bonlat, con sede en Islas Caimán, de 4.000 millones de euros pero que, según otras fuentes, alcanza en realidad entre 7.000 y 9.000 millones. La mecha la encendió la entidad financiera estadounidense Bank of America, al negar la autenticidad de un documento que garantizaba la existencia de 3.950 millones de euros en una cuenta de una compañía “off-shore”, Bonlat.

(Fragmento)

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