¿A qué tasa de interés le presta el “gota a gota”?

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  • Publicado: 3 abril, 2020

En Colombia persisten varios desafíos en términos de acceso a productos de crédito. La escasa información sobre hábitos de pago, la alta informalidad, la ausencia de garantías que permitan respaldar obligaciones crediticias, los problemas de propiedad en las zonas rurales y la baja cultura financiera son razones que motivan, a algunos, a acudir a mecanismos de financiación informal, como el llamado “gota a gota” o “pagadiario”.

Aún resulta difícil cuantificar el número real de colombianos que acuden a este mecanismo informal, los usos que les dan a estos recursos, o la tasa de interés a la que se presta. Dos números que quizá subestiman el impacto real del problema se desprenden de la segunda toma de la Encuesta de Demanda de Inclusión Financiera, realizada por Banca de las Oportunidades y la Superintendencia Financiera, en 2017. Según dicha medición, el 4 % de los adultos colombianos buscó financiación del agiotista y el 82 % de estos créditos se destinó a financiar consumo.

Ahora bien, la baja comprensión de los conceptos de interés simple y compuesto dificulta el cálculo del valor de la tasa de interés del “gota a gota”. Por ello, los invito a pensar en un caso hipotético, que podría ser real, a fin de dimensionar el problema y las implicaciones de este pesado lastre.

Un ejemplo

Imagínese que Juan Pérez es un vendedor ambulante a quien le faltaron $100.000 para el mercado. La situación invita a medidas desesperadas. En un contexto en el que seis de cada diez adultos colombianos no acceden al crédito formal, el camino “rápido” y sin fiadores pasa por buscar una fuente informal. Este atajo también se destaca en la mencionada encuesta.

Don Luis Enrique es el hombre de las soluciones en la calle. Sin pensarlo dos veces le entrega los $100.000 a Juan, comprometiéndolo a devolverle $120.000 un mes después. Por $20.000, Luis Enrique salvó a una familia. Es un hombre justo.

Sin embargo, como en la mayoría de las decisiones de la vida, el diablo se encuentra en los detalles. Un lector adelantado ya habrá concluido que la diferencia porcentual de $100 a $120 es del 20 %.

¿Qué es una tasa de interés del 20 % cuando los usureros bancos cobran hasta el 60 %? De esa inquietud se deriva un error común: una tasa de interés mensual del 20 % no es equiparable a una anual del 60 %.

Y entonces, ¿qué tasa de interés anual pagó Juan Pérez?

Ya sabemos que mensualmente es de 20 %, ahora supongamos que tiene $100 y que quiere capitalizarlos durante un año (12 meses) a la misma tasa de interés. Al final del primer mes tendrá $120 que, reinvertidos en un mes adicional, se convertirán en $144 en el primer bimestre.

Reinvirtiendo esos recursos durante diez meses más, para completar el año, llegará a contar con $861,61. La diferencia porcentual entre el último mes y el primero será de 791,6 %; ergo, una tasa de interés mensual de 20 % es equivalente a una anual de 791,6 %.

No está de más recordar que ninguna entidad vigilada por las superintendencias Financiera o de Economía Solidaria puede establecer tasas por encima de la de usura, que, para el caso del microcrédito, se encuentra en el 54,8 % efectivo anual. Incluso, para el universo no vigilado por estas superintendencias, está la Superintendencia de Industria y Comercio, igualmente facultada para sancionar a los usureros.

En caso de que no lo hayan notado, 791,6 % es 14,4 veces la tasa de usura del microcrédito. Parece que el desespero y la baja cultura financiera nublaron el juicio de Juan, quien se verá en aprietos para pagar su deuda.

Lógicamente, la historia narrada deja por fuera otras modalidades de pago en las que, por ejemplo, se pueden hacer abonos diarios o semanales. Además, omite consideraciones relacionadas con los métodos de cobranza de “hombres justos” como Luis Enrique.

Esta realidad nos motiva a poner los reflectores sobre una enfermedad que muchos padecen en silencio, algunos sin notarlo, el “gota a gota”. Informarse bien es el primer paso para no ser la próxima víctima.

Freddy Castro
Director de Banca de las Oportunidades

Sobre el autor

Freddy Castro

Gerente Banca de las Oportunidades. Economista con maestría en economía de la Universidad Nacional. Se ha desempeñado como asesor de la Vicepresidencia de la República; secretario de desarrollo económico de Bogotá; editor macroeconómico de la revista Dinero; director de estudios económicos de Fasecolda; entre otros cargos.



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