Desindustrialización en Colombia y Enfermedad Holandesa

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  • Publicado: 12 junio, 2014

Desindustrialización en Colombia y Enfermedad Holandesa

Desde los años 70 Colombia ha venido presentando un proceso de desindustrialización, en la cual el valor agregado de la industria con respecto al PIB ha disminuido, como también el empleo generado por este sector.

La desindustrialización es un proceso en donde la relación Valor agregado industrial/PIB disminuye progresivamente, seguido de una reducción del empleo generado por este sector.

Básicamente este proceso se da por dos vías:

1. De manera secular, presentado generalmente en países desarrollados, donde se ha dado la transición  desde una producción  basada en la agricultura, pasando por la manufactura liviana para llegar finalmente a servicios altamente especializados e industrias con tecnología de punta, ocasionando una migración de mano de obra hacia el sector terciario, con un fuerte fortalecimiento de este.

“El valor agregado industrial/PIB en los años 70 era un 24%. En la actualidad oscila en 12%, y se proyecta hacia 2020 una relación entre 9.2%-12.2%.”

Es importante señalar que lo anterior es promovido por una excelente situación económica del país y se genera normalmente cuando se alcanza un elevado PIB per cápita. Es considerado un proceso natural, por lo cual tiende a ser lento y ordenado, facilitando la expansión del sector de servicios. Un claro ejemplo de esto último es Estados Unidos, cuya producción manufacturera  paso del 28% al 12% del PIB durante 1953-2012, simultáneamente la prestación de servicios aumento del 48% al 69% durante el mismo periodo, reflejando un incremento más que proporcional. El valor agregado industrial/PIB en los años 70 era un 24%. En la actualidad oscila en 12%, y se proyecta hacia 2020 una relación entre 9.2%-12.2%.

2. Como resultado de la Enfermedad Holandesa (EH), la cual se explica como un proceso en el que se elevan los precios y los volúmenes de exportación de los ‘commodities’ asociados a un determinado sector, produciendo una persistente apreciación de la tasa de cambio real en detrimento de las exportaciones de otro tipo de productos comercializables, debilitando los demás sectores con respecto a aquellos que han sido objeto del mayor volumen de venta en el extranjero de este tipo de bienes. Lo anterior es muy común en países emergentes cuyas economías crecen principalmente  por medio de las exportaciones de ‘commodities’. Esto último  parece ser según varios analistas, lo que está sucediendo en Colombia.

Sector minero-energético, ¿atenta contra el crecimiento industrial nacional?

De acuerdo a reportes de ANIF (Asociación Nacional de Instituciones Financieras), mediante pruebas econométricas se ha logrado comprobar que durante las últimas cuatro décadas existe una  relación de largo plazo entre la menor participación de la industria en la economía y los periodos de auge en las exportaciones minero-energético.

Se encontró que por cada punto porcentual que aumente las exportaciones de la minería se genera una reducción de 0.4 puntos porcentuales en el valor agregado de la industria con respecto al PIB. De igual manera, se estableció que una apreciación de un punto porcentual en la tasa de cambio real conlleva a la disminución de 0.12 puntos porcentuales en la relación Valor agregado industrial/PIB.

En los últimos cinco años el sector minero-energético ha crecido a un ritmo de 11.8% anual, superando notoriamente el crecimiento de la economía colombiana que está en un promedio de 3.8%. De igual forma, las exportaciones de este sector presentan ritmos de crecimiento cercanos al 24% anual y durante el periodo 2005-2011 recibió un 65% de la inversión extranjera directa (IED), reflejando el favoritismo de los inversionistas sobre este segmento, lo cual manifiesta la usencia de proyectos enfocados al desarrollo de industrias con tecnología de punta.

Estos datos muestran un proceso de desindustrialización en Colombia fomentada por el síndrome de la Enfermedad Holandesa, que está sustentada principalmente por el fuerte crecimiento del sector minero-energético, lo que puede significar un riesgo para la estabilidad económica del país, pues no se debe llegar a la condición de  mono productor y mono exportador, más aun cuando las reservas de petróleo no superan los 7 años.

Finalmente, es necesario que se adopten medidas para contrarrestar lo que está sucediendo, especialmente en el desarrollo de políticas que fomenten el avance en infraestructura y la reorganización industrial, de tal manera que se logre obtener ventajas competitivas sustentadas en sectores con alto potencial de crecimiento y con una dotación de bienes públicos adecuados para tal fin.

Por:

Héctor Mauricio Muñoz Serna
Administrador de Empresas con énfasis en finanzas

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