«Disminución de carga tributaria de empresas no debería ser soportada por personas naturales»

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  • Publicado: 21 mayo, 2019

«Disminución de carga tributaria de empresas no debería ser soportada por personas naturales»

Jaime Vargas, socio director de impuestos de EY Colombia dice que la Ley 1943 de 2018 se quedó corta en recaudo tributario. La lucha contra la evasión, informalidad, contrabando y reducción del gasto es indispensable para que el país pueda conservar el grado de inversión.

Para Jaime Vargas Cifuentes habría sido importante que el proyecto de ley de financiamiento se hubiera podido socializar antes. Piensa que, ante la negativa del Congreso de reformar el IVA, se vivió una carrera contra el tiempo para conseguir, a cualquier costo, los recursos adicionales que se necesitaban.

¿Está en peligro la calificación crediticia de Colombia, sobretodo para el próximo año, ya que la meta de recaudo se podría quedar corta?

La calificación crediticia es una opinión sobre la capacidad de pago de un emisor de deuda, e impacta la tasa a la cual dicho emisor puede colocar títulos de deuda. Tener una calificación de grado de inversión permite disponer la deuda a una mejor tasa; no tenerlo no solamente impacta la tasa, puesto que dispara la prima de riesgo, sino que restringe las fuentes de crédito, ya que los inversionistas tienen en ocasiones restricciones para invertir en títulos que no tienen grado de inversión.

Mantener la calificación crediticia depende entonces de que se determine que el país tiene una capacidad de pago al menos adecuada, y esta capacidad se podrá mantener aumentando el ingreso, reduciendo el gasto, o con una combinación de ambos.

La Ley de financiamiento, efectivamente, no garantiza que los ingresos de la nación sean suficientes para atender sus necesidades fiscales, situación que tendrá un mayor impacto en 2020 que en 2019. Ante la inexistencia de fuentes suficientes de financiación, el Gobierno tendrá que hacer un gran esfuerzo para generar ingresos y reducir gastos.

El recaudo de impuestos nacionales para el primer cuatrimestre de 2019 superó la meta que la Dian se había fijado, y una parte importante del recaudo se originó en el Plan Nacional de Cobro que generó 3,47 billones de pesos, un 16,6 % más de lo recaudado por este concepto durante 2018. Esta tendencia es buena; ojalá se mantenga.

“al haberse quedado corta la reforma en fuentes de financiación tributaria, la lucha contra la evasión, la informalidad y el contrabando, aunadas a la reducción del gasto, son indispensables para que el país pueda conservar el grado de inversión”

Acudir a fuentes alternativas de financiación (por ejemplo, la venta de activos de la nación) generaría recursos adicionales en el corto plazo, pero no garantizaría recursos adicionales hacia el futuro. En resumen, al haberse quedado corta la reforma en fuentes de financiación tributaria, la lucha contra la evasión, la informalidad y el contrabando, aunadas a la reducción del gasto, son indispensables para que el país pueda conservar el grado de inversión.

¿Para el 2020 se discutirá una nueva reforma tributaria?

Es difícil de predecir, pero pienso que la probabilidad es alta. La dificultad está en determinar qué contribuyentes o actividades deben soportar la nueva carga tributaria. Pensar en volver a subir la carga de las personas jurídicas sería un error, gravar más a las personas naturales, que son quienes han recibido la mayor carga tributaria en estos últimos años es impensable, y revivir la idea de extender la base del IVA es difícil luego del entierro de tercera que se le dio el año pasado.

Sigo pensando que la única forma de garantizar la estabilidad tributaria es fortaleciendo a la Dian con recursos humanos y tecnológicos suficientes para combatir la informalidad, el contrabando y la evasión.

¿Combatir la evasión y elusión tributaria sería la fórmula ideal en vez de rebajarle impuestos a las empresas y aumentárselos a las personas naturales?

La carga tributaria de las empresas tiene un efecto importante en el índice de competitividad de Colombia. En los últimos años, en tanto que los países que nos compiten por inversión disminuían la carga tributaria de las compañías, Colombia la aumentaba. Pienso que es un acierto disminuir la carga tributaria de las compañías a niveles competitivos; si se baja la carga tributaria de las compañías y esta medida estimula la inversión y la productividad, la recaudación en el mediano plazo debería subir.

Creo que la razón principal para que la recaudación de impuestos de personas naturales en términos de PIB fuera inferior a la de otros países –que fue el argumento que en su momento se utilizó para legitimar la decisión de que la menor carga de las empresas fuera soportada por las personas naturales– no tenía que ver con que las tasas o las bases de tributación de Colombia fueran bajas, sino con que hay muchas personas naturales que, refugiadas en la informalidad, no pagan impuestos. Así, en un mundo ideal, la disminución de la carga tributaria de las empresas no debería ser soportada por las personas naturales que sí pagan sus impuestos, sino por las empresas y las personas naturales que no lo hacen.

¿Qué debe aprender el Gobierno de los errores de la Ley de financiamiento para no repetirlos en la próxima reforma?

Lo que pasó con la Ley de financiamiento fue muy desafortunado. El Gobierno presentó un buen proyecto, articulado, consistente, que no le permitieron explicar y cuyos alcances, pienso, fueron distorsionados. El momento político era muy complicado y el tiempo que se tomó de más el Gobierno, seguramente para poder presentar un proyecto articulado, luego le hizo falta para poder defenderlo.

¿La Ley de financiamiento fue tramitada a destiempo y en medio de afanes?

Habría sido importante que el proyecto se hubiera podido socializar antes. El destiempo fue originado en el momento político difícil por el que atravesaba el Gobierno. Y ante la negativa del Congreso de reformar el IVA, lo que se vivió fue una carrera contra el tiempo para conseguir, de cualquier manera, los recursos adicionales que se necesitaban.

La creatividad se desbordó, pero esa creatividad desbordada es buena para escribir novelas, pero no para redactar una reforma tributaria que requiere rigor técnico. Creo que esa falta de rigor va a salir costosa, ya que hay normas cuya constitucionalidad es cuestionable.

¿Las exenciones tributarias para las empresas le hacen daño a la meta fiscal? ¿Qué tan cierto es que hay que darles ventajas a estas para que sean competitivas?

Pienso que los estímulos fiscales no son ni buenos ni malos. Son buenos en la medida en que las externalidades positivas que se deriven de ellos sean superiores al sacrificio fiscal que generaron, y malos cuando las externalidades positivas que se deriven de ellos sean inferiores al sacrificio fiscal que ocasionaron.

Hay sectores de la economía o zonas geográficas que sin estímulos fiscales seguramente no se desarrollarían o lo harían muy lentamente. Hay sectores de la población cuya incorporación a la economía sería difícil sin estímulos fiscales.

Obviamente, en muchas ocasiones la creación de un estímulo implica que alguien deba soportar la carga tributaria que el beneficiario del estímulo deja de soportar. Por eso hay que tener mucho cuidado al escoger la clase de estímulos fiscales que se conceden y los sectores hacia los cuales se deben dirigir.

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