El Contador Público se encuentra expuesto a la corrupción

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  • Publicado: 25 febrero, 2016

El Contador Público se encuentra expuesto a la corrupción

Waldo Maticorena, contador público peruano radicado en Colombia, gerente de IFRS Masters, nos entrega su punto de vista en el Día del Contador Público. Afirma que con los Estándares Internacionales de Información Financiera y las Normas Internacionales de Auditoría es más fácil para el contador colombiano trabajar en otros países.

Waldo Maticorena opina que en ocasiones los contadores públicos no han aprendido a equilibrar la responsabilidad que recae sobre sus hombros como vigilantes de la fe pública con el nivel de honorarios que se cobran.

¿Qué reto tienen los contadores públicos para este año?

Ya no debería decir esto, pero hay tantos contadores que aún no han estudiado los Estándares Internacionales de Información Financiera que el primer reto es estudiarlos, sobretodo para las pymes, que representan el 95% de las empresas del país.

No hay que perder de vista las diferencias que hay entre las Normas Internacionales de Información Financiera –como fueron publicadas por el IASB– y las Normas Colombianas de Información Financiera –NCIF–. Estas diferencias introducen un reto importantísimo para el contador, pues todas las instituciones educativas enseñan las primeras y no las NCIF.

Es importante recordar que los Estándares Internacionales ya cuentan con un Libro Rojo 2015, mientras que las NCIF están basadas en el Libro Rojo del 2014, que incluye las normas emitidas al 1 de enero del 2014.

¿De qué forma se tendría que reinventar la profesión para tener el lugar que se merece?

No creo que la profesión necesite reinventarse. La profesión funciona muy bien a nivel global, aunque de vez en cuando fallamos en la ética al conocer de escándalos en los cuales los contadores o auditores de grandes firmas olvidan sus valores fundamentales y defraudan la fe pública que nos corresponde cuidar.

En Colombia también funciona bien, no solo en la formación universitaria sino en la manera en que los graduados, recientes y experimentados, ejercen la profesión. Sin embargo, si alguna transformación tuviera que ocurrir, yo me enfocaría en el marketing de nuestra profesión.

¿Cómo se debe combatir un flagelo como es el de la corrupción desde el papel del Contador Público?

“en uno de nuestros roles, particularmente como auditores, tenemos la obligación de ejecutar pruebas tendientes a detectar fraude”

El Contador Público no es distinto a otro profesional u otro ser humano cuando de corrupción se trata. Es decir, tiene la misma obligación ética de prevenir y denunciar y está igualmente expuesto a ser tentado por individuos inescrupulosos a cometer actos de corrupción. Sin embargo, en uno de nuestros roles, particularmente como auditores, tenemos la obligación de ejecutar pruebas tendientes a detectar fraude y aunque no estamos obligados a detectarlo, tenemos una posición privilegiada para combatirla y ojalá algún día erradicarla.

¿Qué le diría a los jóvenes que están próximos a graduarse para que esta profesión tome vuelo?

La profesión ya tiene vuelo hace muchos años. Por lo menos cogió mucho vuelo desde la Ley 58 de 1931, donde la Revisoría Fiscal es asignada a los contadores, antes ejercida por cualquier otro profesional. Lo que necesitamos es lograr que el vuelo se mantenga al día con la velocidad de los cambios en el mundo.

Con los estándares internacionales de información financiera y las NIA es más fácil para el contador colombiano trabajar en otros países para observar y traer de regreso al país las mejores prácticas profesionales internacionales. Yo les diría: salgan, observen y regresen para adaptar a Colombia las mejores prácticas que hayan observado. Sean agentes impulsadores de la modernidad y los desarrollos de la profesión a un nivel de talla mundial.

Desde su punto de vista, ¿qué es lo bueno, lo malo y lo feo de la profesión?

Lo bueno, es una profesión que nos permite trabajar desde muy temprano en la carrera. No solo se hace rentable desde el comienzo sino que además acumulamos muchos años de experiencia a muy corta edad.

Lo malo, no hemos aprendido a equilibrar la responsabilidad que recae sobre nuestros hombros como vigilantes de la fe pública con el nivel de honorarios que cobramos. Hay todavía mucho por hacer para lograr que éticamente compitamos entre colegas con honorarios a la altura de la responsabilidad.

Lo feo, somos la profesión más sacrificada de todas, trabajamos todo el día, estudiamos todas las noches y fines de semana durante todo el año y el empresario cree que solo llevamos libros y ahorramos impuestos. Aún no ve que somos socios internos de su negocio.

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