El grito de independencia del Contador

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  • Publicado: 18 julio, 2007

En la novela “Mil Novecientos Ochenta y Cuatro”, del genial George Orwell hace ya casi 60 años, su protagonista –Winston – descubre cómo la pobreza de los pueblos esclaviza a sus miembros.

El Gran Hermano (como lo sospechaba, fue la novela que inspiró a muchos realities) era una figura omnipresente que recordaba a cada uno de los ciudadanos sus deberes y obligaciones con la sociedad. Ante cualquier falla, la famosa “Policía del Pensamiento” entraba y castigaba.

No voy a entrar en la obviedad de comparar al Gran Hermano con la Dirección de Impuestos, que francamente fue la primera analogía que se me ocurrió al leer esta famosa novela. Lo que realmente me inquietó fue la constante vigilancia de los deberes, la estricta y frugal calidad de vida sin privilegios ni comodidades, todas estas sin recordar al ciudadano nunca, en ninguna parte, que también tenía derechos.

Y, tal como el protagonista descubre, estaba el derecho a soñar, que era el más peligroso y subversivo de todos.

Y este derecho fue el que llevó hace casi 200 años a nuestros padres de la patria a lanzar su grito de independencia. Los sueños los impulsaron a liberarse del yugo de la pobreza, de la esclavitud de la miseria.

Y por ello, me pregunto… nosotros como Contadores, ¿cuándo vamos a dar nuestro grito de independencia? ¿Cuándo vamos a comenzar a creer en nuestra profesión como una disciplina liberal, una disciplina en donde nuestro talento se valore más que la cuadrada observancia de reglas dictaminadas por nuestro Gran Hermano criollo?

Las reglas están ahí para cumplirse, nadie debe decir lo contrario. Las normas dan orden a una sociedad díscola, así como la disciplina da orden al adolescente rebelde. Pero las normas no deben coartar la capacidad de analizar, pensar más allá, agregar valor.

A eso nos referíamos cuando mencionábamos el metrico adicional que debemos caminar hacia la excelencia. Intentar ahondar en nuestra labor diaria documentándonos, estudiando y capacitándonos para ser los verdaderos asesores de gerencia que dejamos de ser cuando nos preocupamos por hacer más las labores operativas y repetitivas que las labores analíticas y predictivas que se sueñan los empresarios que cuentan con nuestros servicios.

El bajo nivel de remuneración con que contamos como Contadores nos ha esclavizado, y nos ha robado nuestra capacidad de soñar. Y nuestro grito de independencia, más que una demostración física o violenta (un sinsentido absoluto), debe ser un clamor interior que nos despierte del letargo de la operatividad y nos lleve a interesarnos en más y mejores horizontes con los que cuenta sólo una profesión tan bella como la nuestra.

Si soy un auxiliar contable, a profesionalizarme. Si soy un contador supernumerario, a documentarme sobre cómo elevar mi nivel profesional. Si soy un contador independiente, a buscar estos horizontes en el análisis financiero, el análisis de costos, el derecho tributario – por contar sólo unos pocos que mi limitada memoria me evoca en este momento.

Esta no es una labor fácil. Winston, el protagonista de la novela que comentaba antes, sucumbió (perdón si le arruiné el final a alguien). Pero nuestros próceres no claudicaron. Por que al fin y al cabo, las grandes tareas son para grandes espíritus, y nadie me arranca del corazón el convencimiento de que el Contador Público cuenta con espíritu de sobra.

¿Estamos de acuerdo? (escucho comentarios!)

 

Jose Hernando Zuluaga M.
CEO (Presidente y Fundador)
actualicese.com


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