«El pecado más crítico de los Contadores se presenta cuando se renuncia a un código mínimo de ética»

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  • Publicado: 1 marzo, 2012

«El pecado más crítico de los Contadores se presenta cuando se renuncia a un código mínimo de ética»

Tuvimos la oportunidad de dialogar con Elkin Horacio Quirós Lizarazo, Presidente Nacional de la Federación Colombiana de Colegios de Contadores Públicos, sobre la ética, la corrupción, las responsabilidades, el avance profesional, las instituciones educativas y la falta de unión en la profesión.

¿Qué es lo bueno, lo malo y lo feo de la contaduría pública?

Lo bueno, una profesión caracterizada por integrantes que en su mayoría son estudiosos, disciplinados y conscientes de su necesidad permanente de actualizarse y ejercer con calidad. Lo malo, la incapacidad de construir organizaciones profesionales sólidas con la suficiente fuerza para manifestarse ante la empresa, la sociedad y el Estado. Lo feo, la incapacidad de discutir tolerante y respetuosamente desde la diferencia y la diversidad de concepciones.

¿Cuál es el mayor pecado en el que incurren los contadores públicos?

Tomando pecado en un sentido figurado, entendiéndolo como debilidad o falla profesional, el pecado más crítico de los contadores públicos se presenta cuando se renuncia a un código ético mínimo y llevados por la ambición o por una percepción de necesidad económica se practican actitudes de deslealtad profesional que deterioran la calidad de los honorarios y el ejercicio de la profesión en el mercado. Esa idea de «es que si yo no actúo así, otros sí lo van a hacer» si la multiplicamos por miles de personas que hagan lo mismo corroe cualquier sentido de dignidad profesional e impide la construcción de una práctica ética de alcance profundo.

La corrupción es una palabra que puede poner en apuros a muchos contadores y revisores fiscales por el hecho de que ya tienen que denunciar todo. ¿Hacen falta garantías por parte del Gobierno para cuidar la integridad de esos profesionales?

¿Qué postura deben asumir los contadores públicos si en ocasiones son los últimos en enterarse de las sumas millonarias que manejan las industrias, pero son los primeros señalados como los responsables?

Abordo estas dos preguntas de forma conjunta pues creo que apuntan al mismo asunto: el alto grado de responsabilidad del contador público en materia jurídica e incluso penal. La labor de los contadores públicos está atravesada por un amplio espectro de responsabilidades tributarias, civiles, comerciales y penales, entre otras. Se observa cómo el Estado demanda cada vez más de los contadores en materia de anticorrupcion y el hecho de que estemos en el «ojo del huracán» de los problemas de la corrupción es importante en el sentido de que se le entrega a la profesión contable una alta responsabilidad; hay allí un reconocimiento implícito del papel que podemos jugar para fortalecer el control social.

Sin embargo, debemos fortalecer aún mejor nuestros procesos y prácticas de fiscalización para poder ser oportunos en las denuncias y no ser los «últimos en enterarse», solo el ejercicio de controles preventivos y permanentes permite tal posibilidad, pero eso cuesta y entonces volvemos al asunto de la calidad de los honorarios y el mercado profesional, todo está vinculado. Adicionalmente, debemos emplear todos los recursos jurídicos y legítimos para protegernos en nuestra integridad vital y profesional. Desafortunadamente a pesar de los avances jurídicos, nunca serán posibles las garantías completas, el Estado es incapaz de proteger a todo el mundo. Cada quien debe decidir como actuará y asumir las consecuencias que se deriven de ello, evidentemente no es fácil.

¿Se ve un cambio, un avance profesional de los contadores respecto a años atrás o la profesión está estancada?

Creo que son muchos los avances. El aspecto académico ha mejorado en los contadores públicos, la permanente actualización. La generación y mejoramiento permanente de tecnologías para el soporte de la actividad profesional es otro punto muy importante que facilita a los contadores el cumplimiento de sus innumerables tareas. En nuestro país contamos con empresas de tecnología contable de gran calidad que satisfacen estos requerimientos.

Además los procesos de investigación van ganando espacio en las universidades, ese es un proceso lento, pero que poco a poco se va posicionando. Y lo más importante es que, a pesar de las dificultades que tenga la profesión, existe algun grado de conciencia profesional entre sus integrantes. La mejor prueba de ello es que hoy, luego de 37 años, seguimos celebrando el 1 de marzo: seguimos tomándonos un día, una semana y hasta un mes completo, para decirle a la sociedad que los contadores públicos cumplimos una función muy importante, que si tenemos y practicamos nuestra profesión dignamente contribuiremos a un mejor mundo, a nuestra manera.

Piensa que las Universidades están haciendo un buen papel cuando de educar futuros profesionales contables se trata

La oferta educativa actual es de múltiples órdenes y niveles de calidad. Existen instituciones altamente orientadas hacia la calidad y la formación profesional con influencia investigativa (no porque todos los contadores tengan que ser investigadores sino porque una formación investigativa permite un más amplio ejercicio profesional). Pero aún existen instituciones y directivas de programas de contaduría atrapadas en la formación tecnicista y acrítica. El aspecto que sí debe ser estructuralmente mejorado es la formación en los elementos éticos del ejercicio profesional, pero eso no se resuelve con un curso de ética que se hace muchas veces al final de la carrera, debe ser una práctica permanente en los diferentes espacios formativos. Como dice una amiga: «la ética no se enseña, se vive».

La división de la profesión, ¿tiene solución? ¿alguna propuesta al respecto?

Los contadores públicos aún seguimos «mirándonos el ombligo» y pensando que la unidad está entre los mismos profesionales. El problema de la unidad no es un problema de un gremio, es un asunto de sociedad. La unidad debe ser una búsqueda de los diferentes movimientos profesionales, comunitarios, empresariales y sociales en general por la búsqueda de una mejor calidad de vida en el ámbito regional, nacional y global. La decisión que debemos tomar los contadores públicos es si nos interesa participar e integrarnos en esos procesos o si nos quedaremos «encerrados en el rincón de nuetra propia miseria» y únicamente preocupados por la «lonchera». Somos, ante todo, ciudadanos del mundo, integrantes de la comunidad humana.

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