«En el Tribunal Disciplinario de la JCC no todo son sanciones y recriminaciones»


27 octubre, 2021

César Martínez explica que en el Tribunal Disciplinario de la JCC no solo se sanciona a contadores, se evalúan los comportamientos.

Para pertenecer se necesita vocación, porque no hay remuneración.

Son muchas las quejas que llegan y que se tienen sobre la actividad profesional de los contadores.

César Augusto Martínez, presidente del Tribunal Disciplinario de la Junta Central de Contadores, asegura en #CharlasConActualícese que la entidad que él preside está compuesta por profesionales contables pendientes de las quejas o informes que llegan constantemente y están relacionadas con las actividades propias, bien sea como asesores, contadores o revisores fiscales:

Nos ceñimos por las conductas violatorias del Código de Ética que se puedan estar presentando y lo que establece la Ley 43 de 1990 y demás normas concordantes.

Para él, es claro que se necesita una reforma sustancial de todas las normas que atañen el ejercicio profesional contable. Estamos en mora de hacer una actualización:

Se trata de un conjunto de normas obsoletas que no permiten bien el ejercicio de la profesión contable, así como un ejercicio del derecho de defensa y procedimental en el caso de la actividad disciplinaria.

Hace énfasis en que el Tribunal Disciplinario no solo está para castigar al contador público. «Somos siete profesionales contables que también nos dedicamos a ejercer la contaduría pública, evaluamos los diversos comportamientos y sabemos a lo que nos enfrentamos», afirma.

Dice que no todo son sanciones y recriminaciones para la profesión contable:

Soy de los que piensa que el contador público tiene muchas responsabilidades, incluso no atribuidas al desarrollo propio de su profesión, y en consecuencia demasiadas formas de castigarlo. Por lo anterior es positiva la renovación de leyes que nos ayuden a ejercer muy bien nuestra profesión.

Así se trabaja en el Tribunal Disciplinario de la JCC

Martínez narra que el trabajo en el Tribunal Disciplinario es bastante arduo. Se sesiona mínimo dos veces al mes.

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Antes de la pandemia, de forma presencial, se iniciaba a las 7 a. m. y se terminaba hacia las 4 p. m., dependiendo del número de expedientes que se tuvieran que presentar.

Cada dignatario sabe cuántos expedientes tiene en su momento. Hoy por hoy cada uno tiene a su cargo cerca de 160 expedientes para revisar, pero para toda sesión cada uno lleva entre unos 70 y 80 expedientes para hacer ponencia.

Un número creciente de quejas

Cada dignatario cuenta con un grupo de trabajo de apoyo para examinar los expedientes. Hoy contamos con dos profesionales de contaduría y derecho que ayudan a los dignatarios para revisar las ponencias.

Son muchas las quejas que llegan y se tienen sobre la actividad profesional de los contadores públicos. Tantas quejas se tienen, que la idea es estudiarlas antes de las sesiones, porque muchas no ameritan que haya una apertura de un proceso y se rechazan, pues no son quejas o les falta material probatorio. De esta forma, con el proceso disciplinario depurado es posible comenzar realmente los procesos.

Es un trabajo para el que se debe tener vocación

La recomendación de Martínez es que:

Para ser parte del Tribunal Disciplinario hay que tener vocación de trabajo y servicio; el trabajo no es sencillo. Somos contadores comunes y corrientes, profesionales que llegamos a servir a la profesión.

No nos catalogamos como servidores públicos, empleados oficiales o contratistas porque no se nos da una remuneración.

¿Por qué hay que tener vocación? El estudiar 10 expedientes por sesión implica que un contador público, de su laborar diario, debe ocupar parte del tiempo para evaluar estos documentos. Se tiene una responsabilidad muy grande.

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Hay que tener mucho cuidado porque las decisiones tendrán consecuencias para el contador público y terceros. Se debe hacer muy bien, con lupa y detalle.

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