Especial sobre Sociedades Anónimas – Segunda Parte: ¿Por qué nos retan en el plano ético?

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  • Publicado: 6 febrero, 2006

Continuando con nuestro pequeño especial sobre las Sociedades Anónimas que inició con las ventajas de esta figura societaria frente a las demás posibilidades, en esta ocasión revisaremos sus desventajas. Comencemos:

¿Por qué las Sociedades Anónimas nos retan en el plano ético?

Recordemos que mientas dure su existencia, una sociedad anónima está obligada a tener a su servicio un Revisor Fiscal.

Las funciones de la revisoría fiscal son de notable trascendencia pues en sus manos está, entre otras,  la de dar un dictamen sobre la razonabilidad de las cifras financieras que la sociedad anónima debe dar a conocer al público en general (ver art.207 del Cod.de Ccio y el art.34 de la ley 222 de 1995)

Tal realidad juridica (la de que el cargo de Revisor Fiscal sea obligatorio en las sociedades anónimas) nos alegra muchísimo a muchos contadores, pues es una oportunidad de ganar un honorario adicional.

Sin embargo, y esta es la realidad que vive nuestra profesión, las sociedades anónimas de “papel” (refiriéndonos con el termino “de papel” a aquellas que se constituyen solo para apartar o reservar ciertos patrimonios de sus socios personas naturales pero que en verdad nunca llegan a desarrollar el objeto social que mencionan en sus escrituras) son las que han terminado afectando gravemente a nuestra profesión.

¿Por qué razón?

Todos sabemos que la situación económica no es fácil, y dado que adolecemos de una estructura de cobro de honorarios válida (como lo hemos discutido en un editorial anterior), muchos representantes legales de este tipo específico de sociedades anónimas nos logran "tentar" para que no solo hagamos las veces de “Revisor Fiscal” sino de que al mismo tiempo, y por los mismos honorarios, efectuemos las veces de el “digitador”, el “tenedor de los libros”, el “elaborador de las declaraciones tributarias de la sociedad y los socios”, el “elaborador de las planillas de los  aportes a la seguridad social”,  y lo peor, también el cargo de “Contador”, cargo que no puede ser simultáneo con el de “Revisor Fiscal” (vease los art.37 y 38 de la ley 222 de 1995).

En la práctica, el “Revisor Fiscal”, quien en verdad solo debe examinar el trabajo que se realicen en esos otros cargos, termina haciendo el cargo y examinándolo (hace de “juez” y de “acusado”).

Y esto es una "bola de nieve"… una cosa lleva a otra…

"Untado un dedo, untada toda la mano", dice el dicho popular. Y el hecho de haber aceptado este trato, nos lleva a cometer algunos errores adicionales…

Efectivamente, cuando llega el momento de emitir los Estados Financieros, si hemos fungido simultáneamente de “Contador” y de “Revisor Fiscal” en la misma sociedad anónima, pasamos al siguiente paso en la ilegalidad y en la falta de transparencia: conseguimos “un amigo contador que nos firme en el cargo de contador”, y con ello se pueda cumplir con el hecho de que el Estado Financiero respectivo sea “Certificado”, mientras que firmamos como “Revisor Fiscal” y damos nuestra opinión adjunta para que el Estado financiero pueda ser “Dictaminado”…

La delgada línea roja

Es importante anotar que esta situación, que lamentablemente no es muy rara, no corresponde tanto a un comportamiento "criminal" y "malintencionado", sino que es una secuencia de eventos que nos llevan en la delgada línea que separan lo legalmente posible de lo éticamente inaceptable.

Y cuando traspasamos la línea, cuando menos nos damos cuenta, estamos en la zona de lo "ilegal", que nos puede acarrear serias consecuencias económicas y profesionales.

¿Y que podemos hacer ante esta situación?

Primera posibilidad: una regulación para que no “cualquier sociedad anónima”, tenga la obligatoriedad de nombrar un Revisor Fiscal, sino que esta noble y trascendental figura pueda estar al servicio de sociedades anónimas con cierto nivel patrimonial, que aseguren que el profesional de la Contaduría Pública cumpla cabalmente con todas las funciones que le señala el art.207 del Cód.de Ccio. y tener derecho a una remuneración acorde con la trascendencia de su cargo.

Segunda posibilidad: decir que "no" a la propuestas de los empresarios a ser Contador, Revisor Fiscal, digitador y demás tareas. Si lo logramos, nó solamente nos sentiremos moralmente más tranquilos, sino que las implicaciones prácticas serían varias:

  • Los empresarios que decidan hacer una "Sociedad Anónima" por sugerencia de su abogado, sabrá que esta figura requiere mínimo de dos profesionales de la Contaduría, no uno solo. Y sabrá que si lo propone a un Contador Público, este le dará un rotundo "no".
  • El nivel de nuestra profesión se elevaría. Ya sabrán que los Contadores no "nos tranzamos por cualquier pesito". Que tenemos un estándar ético y un código moral sólido.
  • Ya está comprobado: una profesión con reglas claras frente a los honorarios, es una profesión rentable. O sea que rentabilizaríamos mucho más nuestros conocimientos.
  • Y mientras nos ponemos de acuerdo frente al tema de los honorarios, simplemente al negarnos a incurrir este tipo de prácticas multiplicamos el nivel de ingresos de muchos profesionales contables y tributarios. La ecuación es simple: por cada contador que diga que no (a ser Revisor Fiscal y Contador al mismo tiempo), se multiplica por dos el número de Contadores Públicos empleados en nuestro país.
  • Como dice Sun Tzu en "El arte de la guerra", libremos una batalla al tiempo. Si decimos NO a las múltiples funciones en las S.A.’s, por transitividad nos veremos beneficiados. Por ejemplo, si le decimos que no al empresario X, le estaremos dando trabajo al Contador A. Y el Contador A, contento por tener un trabajo adicional, dirá que "no" al empresario Y, quien posiblemente te contrate a tí (aquí el principio de "pájaro en mano" no funciona).

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