La profesión del contador público en Colombia, cada vez más enredada en su laberinto


José Hernando Zuluaga
Es un entusiasta contador público y administrador de empresas, con varias especializaciones y diplomados. El Dr. Zuluaga ha pasado por todas las labores que corresponden al contador público; desde el mantenimiento de libros contables de 18 columnas, hasta ser revisor fiscal y consultor empresarial en entidades de alto calibre. Además, es un consumado docente, ya que en toda su vida profesional ha estado vinculado a la academia como profesor, investigador o director de carrera.

El contador público tiene y tendrá cada vez más situaciones y casos complicados por resolver. La ética está siendo tomada como una palabra más en el diccionario, y al parecer no hace parte hoy de la esencia del ser humano. Los profundos cambios relacionados con las Normas Internacionales, NAI, calidad, ética, educación, y revisoría fiscal vs. NIA hacen más compleja la profesión contable, porque la asimilación de estos cambios, especialmente para personas de mediana o mayor edad, no es fácil. A la larga, quedarán en el ejercicio profesional los jóvenes “pilos” que se integran oportunamente a las firmas de auditorías grandes, medianas y pequeñas que estén dispuestas a asimilar los cambios, modificando sus estructuras, racionalizando el servicio y tecnificando sus procesos.

Preocupan entonces los profesionales independientes que sean personas naturales, pues estarán cada vez más atrapados por el gran volumen de documentación y exigencias formales obligatorias que le seguirán imponiendo los organismos de control, tanto nacionales como internacionales.

En conclusión, el profesional de la contaduría está frente a cuatro retos inmediatos: la estandarización, la automatización, la tecnología y la robotización. El cambio fundamental deberá estar en la formación universitaria, que lamentablemente no avanza, puesto que el cambio de las estructuras académicas debe pasar por un proceso lento y difícil, debido a que las modificaciones dependen del Ministerio de Educación, que al ser de carácter estatal y formal, deben pasar por el tamiz del Congreso, al cual ni siquiera se le presentan propuestas. Ya el tema visto por la sola academia implica igualmente modificar las mallas curriculares que dependen a su vez del Ministerio de Educación y de la concepción que tengan los directivos sobre los efectos de la dinámica de la automatización.

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Vemos con preocupación cómo crecen las infraestructuras y se inauguran grandes edificios para impartir educación, cuando deberían en este momento estarse reduciendo por la utilización de las nuevas tecnologías de la información. Estas infraestructuras universitarias y académicas de todo género quedarán desiertas, dado que los estudiantes accederán a la formación y títulos utilizando las plataformas tecnológicas que les permiten un mayor y diversificado conocimiento en línea, a un menor costo.

Por lo tanto, si el contador decide abrirse paso como profesional empleado, tendrá que ser un estudioso con muy buena práctica, con dominio de idiomas y conocimientos de procesos, sistemas y de la automatización, que será el medio que lo estará rodeando, debiendo reinventarse todos los días. Su herramienta será el software contable y el de auditoría, que se mantendrán como herramientas básicas solo si se les incluyen análisis, inteligencia artificial y servicios agregados profesionales.

La auditoría y la revisoría fiscal van a ser conocimientos aplicables no por una persona natural independiente, sino por grupos de personas con formación interdisciplinaria; con un director, CEO o presidente que dirija la prestación de servicios con una visión universal, pues de lo contrario no lograrán sobrevivir ante la fuerza de la tecnología que le imprimen a su servicio las cuatro o cinco grandes firmas internacionales de auditoría y las firmas nacionales o internacionales medianas o pequeñas que entendieron que el cambio es ya.

La propuesta es que el estudiante y el recién egresado de contaduría reciban formación que facilite la instrumentalización de unas organizaciones profesionales que, para prestar un eficiente servicio, integren diversos profesionales, como auditores, abogados, expertos en mercadeo, comunicadores, psicólogos, ingenieros de sistemas e ingenieros industriales.

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A su vez, estas nuevas organizaciones para auditoría o revisoría tendrán que agregar valor a sus servicios si quieren competir, los cuales solo serán aceptados si son visibles en el entorno.

Para finalizar, podría sugerirse al profesional de la contaduría que piense en un mundo diferente, un mundo sin registro físico, un mundo en la nube; pero que lo piense ya, pues de lo contrario entrará al mundo de la lentitud, de la pasividad, a un mundo que ya no va más.

José Hernando Zuluaga Marín
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