Paradójicamente, conocemos contadores, incluso sin trabajo, que se gozan la contaduría


25 mayo, 2020
Este artículo fue publicado hace más de un año, por lo que es importante prestar atención a la vigencia de sus referencias normativas.

J. Michael Jacka, CIA, CPCU, CFE, CPA, es cofundador y jefe creativo piloto de Flying Pig Audit, Consulting, and Training Services en Phoenix. En su breve artículo THREE RULES TO AUDIT BY: Practitioners should keep in mind these key recommendations for audit success. (Internal Auditor, April 2020, page 63) enumera: “Make them care, be a marketer, have Fun”. Son recomendaciones que nacen del ejercicio profesional.

Un factor esencial que debe estar presente en todos los trabajos es la felicidad del profesional por su ejercicio.

Algunos de los que aplican a los programas de contaduría tienen claro que serán felices con la profesión que han escogido, otros no. Sabemos que hay muchos que no tienen cómo escoger. Por ejemplo, las opciones de estudiar en universidades bien escalafonadas solo se presentan para el día. Los que necesitan estudiar de noche no pueden aplicar allí.

Luego tenemos que considerar el efecto de los profesores: si estos vibran con su carrera, fortalecerán o crearán aprecio por el ejercicio de la disciplina. En caso contrario, desanimarán hasta los que tenían esperanzas.

Al terminar sus estudios, los nuevos egresados se enfrentarán al mercado. Algunos verán una pronta y adecuada recompensa por sus estudios, otros no. No faltan empresas que buscan contadores para que hagan labores que corresponden a técnicos o tecnólogos. Por lo tanto, sus remuneraciones o compensaciones, son muy bajas. No hay una carrera a través de la cual ascender.

El mejoramiento consiste en mejores sueldos y otras prestaciones económicas, pero no en mejor calidad de vida, oportunidades de estudio, participación en procesos propios de la dirección.

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Hay quienes se mantienen en el ejercicio porque eso estudiaron y, mal que bien, les proporciona buenos ingresos, como para pertenecer claramente a la clase media alta, y casi nunca descansan porque es riesgoso. En el curso de su vinculación se han enfrentado a muchas presiones para que no censuren lo que se les ordena.

Paradójicamente, conocemos contadores, incluso sin trabajo, que se gozan la contaduría; estudian y estudian todo cuanto pueden, profundizan en la forma de pensar más que en la de hacer, están prestos a explicar sus decisiones, atraen a otros con iguales inclinaciones, son profesores muy entregados a sus alumnos y procuran generar satisfacción en los clientes.

La satisfacción de necesidades materiales, así como es necesaria, es insuficiente. La satisfacción de aspiraciones intelectuales es indispensable, pero poco frecuente. La satisfacción de necesidades espirituales es tan fundamental, que logra dejar sin importancia a las anteriores.

No hay felicidad excepto cuando se tiene un comportamiento conforme a la moral, a la ética. Hay que tener claro por qué haremos algo; no sirve de mucho comprender la justificación de lo que hicimos. ¿Comprenden esto nuestros contadores?

Hernando Bermúdez Gómez
Tomado de Contrapartida – De Computationis Jure Opiniones
Número 5020, mayo 11 de 2020.

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Última actualización:
  • 25 mayo, 2020
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