Pérdida de nivel de nuestros profesionales: se forman como técnicos y se gradúan como profesionales


8 febrero, 2021
Este artículo fue publicado hace más de un año, por lo que es importante prestar atención a la vigencia de sus referencias normativas.

Vamos a tener que hacer un paréntesis en el análisis que hemos venido haciendo sobre los asuntos planteados ante el Consejo Técnico de la Contaduría Pública en materia de revisoría fiscal, porque hoy no hemos tenido acceso a sus páginas electrónicas. Habrá que esperar (¿horas, días, semanas?).

Hasta el momento lo que hemos cubierto muestra grandes tensiones entre los revisores y sus clientes, por lo que nos hemos atrevido a plantear que se trata de las consecuencias de la falta de conocimiento que aquellos y estos tienen sobre la institución.

Los asuntos que se discuten tienen muy poco que ver con lo que se analiza en los círculos académicos, estableciéndose que, como en muchos otros aspectos, hay una gran brecha entre los profesionales en ejercicio y sus académicos.

El país sufre grandes presiones externas e internas por la maldad que está presente en todo el mundo. Quisiéramos identificar a los malos y sacarlos de circulación. Quedamos asombrados cuando nos damos cuenta de que todos nos hemos vuelto mundanos, es decir, que todos tenemos algo de malos.

Por lo tanto, hemos adoptado el relativismo y hemos flexibilizado muchos cánones morales. Al mismo tiempo nos hemos vuelto expertos en crucificar sin fórmula de juicio a unos supuestos culpables, porque, como Poncio Pilato, preferimos lavarnos las manos.

Para la contaduría pública colombiana es todo un desastre tener dentro de sí misma la división, fruto del lenguaje del odio, la falsedad de muchos (que no decimos la mayoría) para engañar al Estado, desde los que no tienen hasta los que quieren ganar más evadiendo impuestos, la corrupción que acude a sobornos o a competencia desleal para hacer más dinero, aunque con ello se perjudique a colegas, que más de una vez conocemos físicamente.

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Hemos venido advirtiendo la pérdida de nivel de nuestros profesionales. A lo mejor no es que ello haya ocurrido, sino que se les formó como técnicos o tecnólogos y se les entregó un diploma de profesionales. Tenemos que poner las cosas en su estado correcto, en que todos se ayuden, pero ninguno se le meta al otro en el rancho.

Las instituciones de educación superior deben dejar de lado su soberbia y otorgar los títulos para los que realmente forman. Además, es necesario hacer menos plata a costa de los estudiantes e invertir fuertemente en la infraestructura que el mañana demanda, como recursos informativos y tecnologías de todo tipo, necesarias para hacer bien la tarea en el mundo empresarial.

En realidad, somos tantos estudiantes, profesores, técnicos, tecnólogos y contadores, que bien podríamos ser un ejército de grandes ejecutorias. Pero son tantas las afugias personales que no nos queda tiempo para hacer cosas grandes, sino combatir las mil y una cosas que la rutina de un Estado mal dirigido nos impone diariamente.

Hay muchos funcionarios estatales que hacen las cosas bien. Pero la improvisación es el mal mayor, pues nos metemos a hacer lo que no sabemos.

Hernando Bermúdez Gómez
Tomado de Contrapartida – De Computationis Jure Opiniones
Número 5596 febrero 1 de 2021.

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Última actualización:
  • 8 febrero, 2021
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