Riesgo conductual: investigar, gestionar y reportar el fraude como un mismo componente


2 mayo, 2019
Este artículo fue publicado hace más de un año, por lo que es importante prestar atención a la vigencia de sus referencias normativas.

Una falla que se presenta en las empresas es combatir el fraude mediante áreas separadas: una que lo investiga, otra que gestiona el riesgo de fraude y la que lo reporta a la junta; posición que no contribuye a una visión integrada de la estrategia de la compañía y genera vacíos operacionales.

La Encuesta Global Crimen Económico 2018 Colombia: fraude al descubierto, elaborada por PwC, introduce dos nuevas categorías sobre fraude: el fraude al consumidor y la falta de ética empresarial, que se clasificaron en el tercer (29 %) y cuarto puesto (28 %), respectivamente, en el ranking global de fraudes más denunciados, por detrás de la apropiación indebida de activos o también conocida como malversación de activos, que tuvo el 45 %, y el cibercrimen que contó con el 31 %.

«Estas nuevas definiciones reflejan el creciente reconocimiento de una categoría amplia del riesgo de fraude interno, definido como “riesgo de conducta o riesgo conductual”. Este tipo de riesgo incluye aquellas actuaciones de los empleados, que ponen en riesgo o perjudican las actividades de las compañías, en términos de proveer los mejores resultados a sus clientes, así como la libre competencia e integridad de los mercados», indica la encuesta.

PwC argumenta que, a diferencia de las fallas operativas o las amenazas externas, las cuales a menudo pueden ser verificadas por controles internos, el riesgo conductual requiere una respuesta más holística y, por lo tanto, un cambio en la forma en la que se le aproxima.

“muchas compañías tratan el cumplimiento, la ética y la gestión de riesgo corporativo como funciones separadas; incluso lo hacen en áreas separadas de una misma organización”

Actualmente, muchas compañías tratan el cumplimiento, la ética y la gestión de riesgo corporativo como funciones separadas; incluso lo hacen en áreas separadas de una misma organización, lo que no contribuye con una visión integrada de la estrategia de la compañía.

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La consultora advierte que las partes de una organización que investigan el fraude, las que gestionan el riesgo de fraude y las que lo reportan a la junta o los reguladores están desconectadas.

«Cuando esto ocurre, pueden aparecer vacíos operacionales y, en ocasiones, el fraude “se puede barrer bajo el tapete” fácilmente o verse como el problema de alguien más, lo cual, sin duda alguna, actúa en detrimento de la efectividad general de la prevención del fraude, el desempeño financiero, así como las responsabilidades ante los reguladores», dice la encuesta.

Un enfoque más innovador incluye reestructurar estas funciones como componentes del riesgo conductual. Esto le permite a la compañía medir mejor y gestionar el cumplimiento, la ética y la gestión de riesgo horizontalmente, e integrarlas en un proceso estratégico para la toma de decisiones.

Lo anterior también significa que las faltas éticas y las irregularidades relacionadas con eventos fraudulentos se pueden manejar con menos pasión y emoción, y ser tratadas como elementos con los que la organización debe lidiar en el curso de sus actividades.

«Adoptar esta postura más realista frente al riesgo puede significar una medida más costo-eficiente entre los programas de cumplimiento de ética, fraude y anticorrupción. Este es un paso importante para derribar la desconexión entre las funciones clave para prevenir el fraude y para, finalmente, procurar su plena identificación», concluye PwC.

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