Tiempos recios

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  • Publicado: 21 enero, 2020

Tomo el nombre de la reciente novela de Vargas Llosa para pintar un cuadro de una realidad en extremo compleja. Comenzamos este año con una nueva reforma tributaria y con un viejo y constante dolor de cabeza cada vez más intenso. La evolución de las tecnologías de información ha llevado a que el cumplimiento de las obligaciones instrumentales y formales de los contribuyentes se realice a través de servicios electrónicos, en desarrollo de una política de lucha contra la evasión y propendiendo por la transparencia de las relaciones fisco –contribuyente.

Para trasmitir un promedio de uno y medio documentos a la semana entre declaraciones tributarias, información exógena, sistema de conciliación y otras obligaciones, el contribuyente tiene que acceder al sistema dispuesto por la Dian para ello, y aquí empezó hace tiempo su dolor de cabeza.

La autopista informática es cada vez más un tortuoso camino de herradura; el sistema no logra entrar en funcionamiento, y cuando lo hace es de manera muy lenta y luego su caída es muy rápida; después de ello es necesario volver a montar los documentos como si fuera por primera vez, todo en un círculo vicioso que se prolonga por horas interminables para el sufrido contribuyente que ve pasar su tiempo frente a una pantalla de la que no se puede despegar por el riesgo sancionatorio. Luego empieza el expectante proceso de firma electrónica; entonces el sistema se pierde tratando de asociar la firma al documento y vuelve a empezar.

En aquellos difíciles momentos el contribuyente decide hacer la llamada a un amigo para pedir soporte, en su afán de cumplir oportunamente con su obligación legal de declarar y pagar sus impuestos. Ese amigo es el centro de atención de la Dian, en donde en los momentos de crisis no atienden, y cuando atienden le responden que siga intentando hasta cuando consiga una trasmisión exitosa, o que se cambie de equipo, o que apague y prenda su computador, pero en todo caso que tenga paciencia porque su obligación es declarar y si no lo hace deberá atenerse a las consecuencias.

Finalmente, el contribuyente logra cumplir con su deber con una dosis de deterioro de su integridad física, de su vida privada y de su salud mental. Entonces, le llega el tiempo de pensar en cómo será esto cuando todos entremos en la trasmisión de la factura electrónica.

La norma tributaria tiene una respuesta para la falla de los servicios electrónicos, que se llama “declaración de contingencia”, la cual debe emitir la Dian cuando no se encuentran disponibles estos servicios. Hasta el año pasado esa declaración se emitía al borde de las 6:00 p.m. del día aciago; pero este año, en este primer mes, la contingencia se decretó ya bien entrada la noche del día fatal.

Es claro que la Dian y los contribuyentes estamos llamados a la convivencia eterna por aquello de que lo único que tenemos asegurado en la vida son la muerte y los impuestos. Pero no tenemos que convivir como en un matrimonio de conveniencia; de esos en los que se comparte la casa, pero no la alcoba. Claro, tampoco se exige el afecto, pues la materia que nos une es altamente sensible. Pero sí debemos pedir respetuosamente que con los impuestos que pagamos se nos provea un sistema electrónico que esté a la altura de las contribuciones que nos exige el Estado, que cuando el sistema complete una hora de nulo o mal funcionamiento se decrete la contingencia, que esta tenga un alcance inicial mínimo de dos días hábiles sin importar el momento en que el servicio se restablezca; también, que se nos diga cuál es la situación de fondo con estos sistemas, cuál será la solución real y cómo será el camino hacia ella.

Razón le asiste al escritor Ricardo Silva Romero cuando propone que en Colombia debemos tener una Psiquiatría General de la Nación , considerando que la salud mental de los colombianos ha estado afectada por la de sus dirigentes. Al menos, deberíamos empezar por una Psiquiatría General del Contribuyente que nos ayude a sobrellevar esta delirante relación con el fisco.

Juan Guillermo Pérez Hoyos
Contador Público
Aserto Ltda. – Director de Proyectos

Sobre el autor

Juan Guillermo Pérez Hoyos

Contador Público y socio director de proyectos de Aserto Asesores Consultores Ltda. Realizó un curso intensivo de derecho tributario internacional –CIDTI– 2015 impartido por la Universidad Austral de Buenos Aires. Cuenta con una maestría en derecho tributario y una especialización en auditoría externa y revisoría fiscal. Ha sido autor de guías de aspectos tributarios y contables de las entidades sin ánimo de lucro (Cámara de Comercio de Bogotá; 2015, 2016 y 2017); y recibió el Premio Nacional al Mejor Trabajo de Investigación Contable 2003.



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