
El próximo viernes 1° de marzo celebramos el DÃa del Contador, y continuamos esta semana publicando breves entrevistas con profesionales destacados en el gremio, donde conoceremos sus puntos de vista, opiniones, elogios y crÃticas a la profesión. El turno hoy es para el Dr. Samuel Alberto Mantilla.
Contador público, especialista en revisorÃa fiscal y auditorÃa externa. Se desempeñó como decano de la Facultad de ContadurÃa Pública de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y como director del Departamento de Ciencias Contables de la Universidad Javeriana en Bogotá, Colombia.
Autor de varias publicaciones, se desempeña actualmente como director de SAMantilla y como consultor independiente.
Todos los contadores públicos no se desempeñan de la misma manera. Asà que a la profesión no le conviene que se le de una etiqueta porque generalmente se le nivela por lo bajo. En realidad existen diferentes tipos de contadores públicos, bastantes diferenciados uno de otros, cada uno con sus debilidades y sus fortalezas.
Ya es hora de empezar a distinguir entre los contadores que están en ejercicio profesional público (dan aseguramiento, realizan la auditorÃa) y los contadores que están en ejercicio profesional de negocios (que ejercen en el Gobierno, educación, consultorÃa, asesorÃa, etc.). Tal diferenciación debe mostrar de manera clara que se usan instrumentales diferentes y se generan responsabilidades distintas.
Una consecuencia importante de esto es que los contadores que siguen siendo monotemáticos (‘todo lo perciben y analizan solamente en función de los impuestos’ o que ven que ‘la revisorÃa fiscal es omnipresente y omniabarcante’) están mandados a recoger y están teniendo dificultades económicas además que aumenta su riesgo de sanciones. Los que han entendido que el mundo de hoy es plural se han ido especializando, ya sea como auditores, como consultores o como educadores, pero no pretenden ser una mochila donde cabe de todo.
Asà las cosas, hay un buen grupo de contadores exitosos, con importante reconocimiento en las empresas, en los mercados, en la misma profesión. Otros no tan exitosos y definitivamente muchos en el montón, sin mayor esperanza que seguir añorando que su tÃtulo sea valorado.
En ese contexto, también debe reconocerse que hay contadores que dependen única y exclusivamente de las normas legales, solamente hacen lo mÃnimo que la norma permite y no son capaces ni de pensar ni de actuar por sà mismos; fácilmente son relevados por otros profesionales. También debe reconocerse que hay contadores vinculados a actividades ilÃcitas, inventando empresas de papel, firmando cuanta cosa les ponen para que firmen.
Incluso hay contadores que tienen poder, como los miembros del Consejo Técnico de la ContadurÃa Pública pero que por plegarse a los intereses de la hipoteca ética han estado empeñando la profesión. No han sido capaces de señalar un derrotero técnico claro. Los estándares internacionales les han quedado grandes y para las microempresas inventaron unos malabares que menoscaban la calidad de la profesión.
En fin, hay de todo. La pregunta central, creo yo, es la que cada uno podemos hacernos y es evaluar qué tan eficiente ha sido el aporte que le estamos dando a la profesión para que cada dÃa sea mejor y para que cada dÃa sea reconocida de mejor manera.
Yo, como contador del montón, sin reconocimientos de parte de los poderosos e incluso muchas veces apabullado por ellos, he sembrado algunas semillas y hoy se están convirtiendo en árboles que valen la pena.
Algunos contadores son altamente valorados, otros un poco menos, algunos, definitivamente muchos quisieran que no existieran.
Normalmente el contador que hace las cosas bien, que no se presta a la hipoteca ética, que se sale de lo tradicional (legal o tributario) está teniendo reconocimientos importantes y son clave en muchas organizaciones. Pero también debe reconocerse que otros, quizás demasiados, están siendo reemplazados por otras profesiones (no por otros colegas) y su ausencia no se ha notado. En ello la tecnologÃa ha sido clave.
En un mundo donde la toma de decisiones es en equipo y donde los procesos son en equipo, las acciones de los llaneros solitarios no interesan. Lo que realmente importa es el aporte individual a cada equipo de trabajo, donde hay otros profesionales, otros estilos.
Generalmente los contadores son rechazados porque solamente hablan de impuestos, presentan un actuar de pseudo-abogados (laboralistas, constitucionalistas, societarios, comerciales, etc.) y no tienen un discurso propio acerca de la información financiera: poco saben de contabilidad, de auditorÃa, de control interno. Hablan de muchas cosas, con cargas ideológicas pero con poco aporte a la gestión empresarial.
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