Este artículo fue publicado hace más de un año, por lo que es importante prestar atención a la vigencia de sus referencias normativas.

Lamentablemente, las exigencias de experiencia en la formación profesional son mínimas


Durante mucho tiempo los padres enseñaron a sus hijos el oficio de la familia. Esta enseñanza personalizada, caracterizada por un fuerte lazo entre el maestro (el padre) y el estudiante (el hijo) pronto se extendió a otros discípulos.

Poco a poco apareció la docencia remunerada. La reunión de los que practicaban un mismo oficio dio lugar a los gremios, que pronto se convirtieron en corporaciones, las cuales admitían a quienes demostraban haber aprendido el respectivo oficio. Vinieron luego los establecimientos especializados en la formación, entre los que se encuentran las universidades.

Siempre han existido niveles de preparación. Hoy en día, en el SNIES, con el núcleo básico en contaduría pública, encontramos la existencia de formación técnica profesional, especialización técnica profesional, formación tecnológica, especialización tecnológica, formación universitaria, especialización universitaria y maestrías.

El aprendizaje en el trabajo, llamado por algunos “entrenamiento”, tiene un papel de especial importancia en la formación contable técnica y tecnológica. Lamentablemente, las exigencias de experiencia en la formación profesional son mínimas. Basta compararlas con lo que aconsejan los Estándares Internacionales de Educación para Profesionales de la Contabilidad emitidos por el IAESB (concretamente con la International Education Standard 5 ― Initial Professional Development – Practical Experience).

En muchos países existen gravámenes para fomentar la educación técnica y tecnológica. En el Reino Unido tenemos el Apprenticeship Levy, que, según Chris Jewers, como se ve en su artículo ICAEW calls for more flexible Apprenticeship Levy, necesita ser modificado para brindar un mayor beneficio a las pequeñas empresas. En nuestro país tenemos el Sena, al que el Gobierno y los empleadores hacen aportes para fomentar la educación formal en los niveles de técnica y tecnología. Como se sabe, es posible convertir los aportes en contratos de aprendizaje.

Varias veces hemos resaltado que los contadores colombianos no tienen claro el ámbito de la teneduría (que es de libre ejercicio), ni las competencias de los técnicos o los tecnólogos en contabilidad. Muchos profesionales en verdad son técnicos, a pesar de tener título profesional.

Añádase a lo anterior la educación para el trabajo y el desarrollo humano, antiguamente llamada educación continuada o continua, que aporta una apreciable cantidad de cursos, seminarios y diplomados, de diversa calidad. Véase el sistema de información de la educación para el trabajo y el desarrollo humano –SIET–. También existe una oferta de actualización profesional bastante significativa por parte de los gremios y las firmas de contadores.

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Por último, recordemos a los autodidactas, entre los que hay muchas sorpresas.

Hernando Bermúdez Gómez
Editor Contrapartida, Novitas, Registro Contable, Vademécum
Tomado de Contrapartida – De Computationis Jure Opiniones
Número 4565, septiembre 2 de 2019

Hernando Bermúdez Gómez
Las publicaciones “Contrapartida” son escritas por miembros de la comunidad académica del Departamento de Ciencias Contables de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana.
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