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7 febrero, 2020
Este artículo fue publicado hace más de un año, por lo que es importante prestar atención a la vigencia de sus referencias normativas.

Durante el Gran Foro Colombia, “¿Para dónde va el país?”, de la revista Semana, la ministra del Trabajo, Alicia Arango, se refirió a las reformas pendientes que tiene el país en materia laboral y pensional.

Si bien la funcionaria destacó las proyecciones positivas de crecimiento económico para 2020 y 2021, cercanas a 3,6 % y por encima del promedio regional y mundial, mencionó que esto no es suficiente para dinamizar el mercado laboral, y que es preciso hacer frente a los tres problemas que caracterizan su deficiente funcionamiento: el desempleo, la informalidad y la baja productividad laboral.

En cuanto a esta última, la ministra presentó cifras muy alarmantes sobre ausentismo y estabilidad laboral reforzada, las cuales, junto con la baja pertinencia y calidad de la formación del capital humano, constituyen las causas de la baja productividad laboral en Colombia.

Según las cifras del Ministerio de Trabajo y la ANDI, en 2018 el Sistema General de Salud reportó 28 millones de días de incapacidad laboral, que equivalen a 3 millones de registros, con una duración promedio de 7,5 días. Quienes más se incapacitan son los hombres entre los 20 y 29 años, especialmente los lunes y viernes.

Así mismo, para 2018, las empresas desembolsaron un promedio de 2,3 % adicional al salario de cada trabajador por costos directos e indirectos asociados al ausentismo laboral, lo que aumenta los ya elevados costos laborales no salariales del trabajo formal, hoy cercanos al 57 %.

Adicionalmente, en 2018, 36 de cada 1.000 trabajadores tenían algún tipo de restricción médica cobijada por estabilidad laboral reforzada, muchas de las cuales fueron reportadas o mantenidas de manera fraudulenta.

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El creciente ausentismo laboral y la estabilidad reforzada en los casos que no ameritan la medida, generan sobrecostos al sistema de salud y a las empresas, e incentivan tanto la no contratación de personas con discapacidad como el establecimiento de relaciones laborales informales, lo que impacta negativamente la competitividad y la productividad.

Por su parte, la ministra mencionó, aunque sin profundizar, que el mejoramiento de la formación y pertinencia de la fuerza de trabajo no da espera. Una de las grandes conclusiones del mes pasado en Davos es que los países deben implementar cuanto antes políticas de reentrenamiento de la fuerza laboral y fortalecer sus sistemas educativos y formativos, en respuesta a la automatización y apropiación tecnológica. Un gran reto para Colombia, dada la posición que ocupa en el pilar de apropiación tecnológica del Índice Global de Competitividad.

El que haya sido la ministra la que presentara estas cifras y destacara la necesidad de una reforma laboral, es sin duda una buena noticia y el comienzo del camino hacia lo que tiene que hacerse.

Sin embargo, esto no se puede quedar en una presentación en un foro. Colombia necesita crecer a tasas altas y sostenidas para mejorar la equidad y poder atender las necesidades de una población cada vez más exigente. De hecho, un estudio McKinsey  realizado en 2018, denominado “Outperformers: economías emergentes de alto crecimiento y las compañías que los impulsan”,  demuestra que fueron los países que llevaron a cabo agendas pro-crecimiento enfocadas en aumentar la productividad a partir de buenas políticas públicas, los que lograron crecer a tasas altas y sostenidas, sacando a millones de personas de la pobreza y mejorando la equidad.

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Rosario Córdoba Garcés
Presidenta del Consejo Privado de Competitividad.
rcordoba@compite.com.co

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