¿Por qué el 1 de marzo? – Carlos Sastoque M.

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  • Publicado: 1 marzo, 2016

En los últimos 40 años hemos estado celebrando el 1 de marzo como el Día del Contador Público Colombiano, pero son muchas las personas que no tienen conocimiento del origen de esta celebración y por qué precisamente el 1 de marzo. Esto me motiva a hacer un recuento de los antecedentes y justificación para dicha conmemoración nacional.

Entre 1950 y 1970 se entronizaron en Colombia –y en muchos otros países– ocho grandes firmas multinacionales de auditoría que fueron conocidas como “las ocho grandes” (las que en los últimos años se han fusionado y asociado con otras y se han convertido en “las cuatro grandes”), firmas que fueron denunciadas públicamente por el odioso oligopolio que impusieron en el ejercicio de la profesión contable, por su ilegal espionaje económico de los países donde actúan, por su sospechosa –en unos casos– y comprobada –en otros– acción de maquillaje de estados financieros y delitos contra la economía nacional y por su injusta explotación de los contadores públicos a su servicio.

La actuación de estas “ocho grandes” en Colombia generó amplio rechazo de los contadores públicos y dio lugar a la creación de dos grandes asociaciones profesionales: la Academia Colombiana de Contadores Públicos Titulados –ADECONTI–, en 1955, y la Unión Nacional de Contadores Públicos –UNACONTA–, en 1956. Estas dos organizaciones, y otras de carácter regional, que se constituyeron posteriormente en Antioquia, Bolívar, Tolima, Santander, Norte de Santander, Boyacá, Huila y otros departamentos enfocaron su gestión a la búsqueda de mejores condiciones del ejercicio profesional y a combatir a las “ocho grandes”. Sin embargo, cada una lo hacía por separado, manteniendo mucho recelo entre unas y otras.

La gestión egoísta y aislada, a la que he hecho referencia en el párrafo anterior, no permitía que las mencionadas asociaciones de contadores públicos tuvieran el necesario éxito en sus pretensiones. Por tal motivo en 1968 comenzó a gestarse un movimiento de unidad entre estas, que –en principio– tuvo muchas dificultades para funcionar y llegó a su momento culminante el 1 de marzo de 1975, cuando se reunieron en Medellín las juntas directivas de las asociaciones nacionalistas de contadores públicos y aprobaron el denominado Programa mínimo de los contadores públicos colombianos, el cual –como se puede leer textualmente en el libro Historia de la Contaduría Pública en Colombia, escrito por el C. P. Régulo Millán Puentes– tiene como objetivos generales:

“a) Eliminación de los monopolios que las firmas extranjeras de contadores públicos mantienen en nuestro país;
b) Evitar el disfraz que las firmas extranjeras quieren adoptar para aparecer como nacionales; y
c) Evitar la creación de monopolios de firmas nacionales propiamente dichas”.

Ahora, 41 años después, deberíamos preguntarnos si los ideadores del Día del Contador Público Colombiano y del Programa Mínimo de los Contadores Públicos Colombianos no araron en el mar –como Simón Bolívar– y todo se quedó en palabras y breves momentos de entusiasmo. En mi opinión no creo que haya más de 10 colegas que sigan manteniéndose firmes y activos en pro de lo decidido el 1 de marzo de 1975. De resto, algunos pocos se aparecen solo cuando les ofrecen algún homenaje; pero hasta el momento no se ha hecho nada concreto y efectivo para combatir a las grandes multinacionales de auditoría y sus satélites colombianas. Por el contrario, con la complacencia de más de 200.000 contadores públicos, se nos han impuesto las normas internacionales de información financiera y de aseguramiento de la información y para colmo de males la Fundación IFRS consiguió, a finales del año pasado, que en Colombia se registrara la marca NIIF como de su propiedad, lo que significa que solamente dicha fundación y quienes le paguen regalías a esta podrán dictar cursos, conferencias y diplomados sobre NIIF, así como hacer publicaciones sobre el tema. Además dentro de poco exigirán que para ejercer la profesión tengamos que certificarnos en Normas Internacionales y solamente ellos podrán dar tal certificación. Nos están obligando –con el respaldo del Gobierno colombiano– a utilizar unas normas que no queremos ni nos convienen y fuera de eso nos quieren cobrar por utilizarlas.

¿Será suficiente con hacer una celebración anual del Día del Contador Público Colombiano sin tener conciencia de su significado y sin hacer nada por nuestros derechos y nuestra dignidad como profesionales y como colombianos?

Autor:

C. P. Carlos Sastoque M.
carsastoque@yahoo.com

Sobre el autor

Carlos Sastoque M.

Contador Público; coautor de los libros ‘Iniciación a las NIIF’ y ‘Valor Agregado de la Revisoría Fiscal’.

De igual manera, ha ocupado los siguientes cargos: Asesor del Consejo Técnico de la Contaduría y de la Junta Central de Contadores, miembro de la Junta Central de Contadores, Director Ejecutivo del Colegio de Contadores Públicos de Colombia, Vicepresidente Técnico de la Confederación Iberoamericana de Contadores Públicos; Director Ejecutivo y Secretario General de la Confederación de Asociaciones de Contadores Públicos de Colombia, CONFECOP.



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