¿Protegiendo al patrimonio? – Eric Duport Jaramillo

  • Comparte este artículo:
¿Ha sido útil este artículo? No fue útilFue útil
Cargando…
  • Publicado: 17 enero, 2019

Es muy común que los empresarios se acerquen a sus asesores legales y tributarios para buscar los mecanismos idóneos para proteger su patrimonio familiar y empresarial. Como primer paso, generalmente les aconsejan empezar con suficiente anticipación la planeación sucesoral, con el propósito de disminuir la carga impositiva que tendrían que pagar sus herederos en caso de su fallecimiento. Para tal fin, se utilizan figuras para transformar sus empresas a sociedades por acciones simplificadas, así como la creación de acciones privilegiadas con derechos económicos y políticos que garanticen el control de la empresa en todos los niveles hasta el día de su muerte y la enajenación progresiva de los activos a sus descendientes, conservando el usufructo. De igual manera, se utilizan herramientas como el fideicomiso civil o la fiducia comercial para disminuir el riesgo que se tiene frente a acreedores, y se dan instrucciones precisas sobre la forma de administrar los bienes, estableciendo quiénes serán sus beneficiarios en caso de que se cumpla una determinada condición. Todo lo anterior, por no mencionar los mecanismos que se estructuran a través de entidades sin ánimo de lucro en el exterior para realizar inversiones en sociedades extranjeras que permitan diluir la trazabilidad de sus propietarios en el país.

A pesar de lo dicho hasta este punto, y de que hay una gran cantidad de mecanismos para proteger el patrimonio familiar y empresarial, no existen herramientas infalibles que den una plena certeza a quienes las utilizan.

Lo que generalmente no consideran estos empresarios es que el riesgo más grande lo generan ellos mismos, puesto que no basta con proteger el patrimonio, si no se dejan las capacidades instaladas y el compromiso claro por parte de quienes tendrán que administrar estos bienes una vez estos ya no estén presentes. En efecto, ¿de qué sirve haber repartido las acciones de la empresa entre los hijos si no existe claridad sobre cómo se administrará esta? ¿Cómo se elegirá al remplazo del padre o madre propietario? ¿Quién definirá sus funciones, remuneración y hará el control de sus actuaciones? Estas y otras preguntas son, en últimas, a lo que se enfrentan los herederos de estos empresarios, que en vida trataron de disminuir los riesgos asociados al patrimonio conseguido con años de esfuerzo, y que por falta de claridad en su manejo posterior llevan muchas veces a la desintegración familiar y empresarial.

En nuestros días es cada vez más difícil garantizar que los hijos quieran trabajar en la empresa familiar; sus orientaciones profesionales, la facilidad de estudiar en ciudades o países cada vez más alejados de la familia y las características propias de los millennials y su manera de ver el mundo limitan seriamente su deseo de vincularse a la organización familiar. Por eso mismo no es raro ver a hermanos o primos que de la noche a la mañana heredan patrimonios productivos importantes que están dispuestos a vender, en lugar de dedicarles tiempo a su administración.

En conclusión, si lo que se busca es proteger el patrimonio familiar, lo primero que se debe hacer es vincular a los hijos desde una edad temprana a la empresa, generando sentido de pertenencia y afecto por el negocio familiar. La formación de estos jóvenes debe estar ligada, en parte, a la empresa, lo que permitirá que en un futuro sus decisiones patrimoniales sean entendidas desde el punto de vista del legado que sus padres les quisieron transmitir, y no como unos activos que son fácilmente convertidos en dinero.

Finalmente, si desea proteger su patrimonio familiar y empresarial deberá analizar, en primera instancia, en manos de quién quedará, si ha formado y preparado a esas personas para administrar correctamente dicho patrimonio y, sobre todo, si ha destinado una gran proporción del mismo para garantizar que disfrutará la última etapa de su vida la con total tranquilidad. Todo eso es más importante que evitar que sus descendientes paguen el 10 % de ganancia ocasional por su herencia.

Sobre el autor

Eric Duport Jaramillo

Abogado de la Universidad Javeriana de Bogotá, especializado en Derecho Comercial de la Universidad Bolivariana de Medellín. Realizó el Programa de Alta Dirección Empresarial –Pade– del Inalde, Escuela de Negocios de la Universidad de la Sabana, y fue becado por la Exxon Mobil para realizar el Programa de Gobierno y Liderazgo de la misma escuela. Cuenta con un diploma en Estudios Latinoamericanos del Instituto de Altos Estudios de América Latina de la Universidad de Paris III, y ha desempeñado cargos entre los que se destacan: presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Pereira entre 2005 y 2012, y ministro consejero en la Embajada de Colombia ante la Unión Europea entre 2012 y 2015. De igual manera, ha ejercido como miembro de junta directiva en diferentes entidades de la ciudad y como docente universitario. Actualmente se desempeña como gerente de la firma Duport Abogados y como consultor en gobierno corporativo y empresas de familia.



Realizar inadecuadamente el reporte de información exógena o no presentarlo,
puede ocasionar cuantiosas sanciones hasta de 15.000 UVT ($534.105.000 por el año gravable 2020)

Nuestra SUSCRIPCIÓN ACTUALÍCESE trae el mejor contenido para actualizarte en la presentación de la información exógena



$150.000/año

$99,900*/año

Ver más detalles

* Unidades limitadas con descuento

$350.000/año

$249,900*/año

Ver más detalles

* Unidades limitadas con descuento

$999.000/año

$699,900*/año

Ver más detalles

* Unidades limitadas con descuento




¿Ha sido útil este artículo? No fue útilFue útil
Cargando…