Siete meses después

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  • Publicado: 30 octubre, 2020

Las cifras de pobreza y pobreza extrema publicadas recientemente por el Dane para el 2018 y 2019 generan un enorme desconcierto. Entre estos dos años, la tasa de pobreza aumentó a 36 %, con casi 700.000 personas más en esta situación frente a 2018.

Es decir que, al inicio de la pandemia, en Colombia había 17,4 millones de personas en situación de pobreza, de los cuales 4,6 millones estaban en pobreza extrema. A estas cifras, ya de por sí preocupantes, hay que añadir el impacto que sobre las mismas tendrá la crisis del COVID-19, el cual, según Fedesarrollo, podría llevar la pobreza a cifras entre 47 % y 49 %.

Pero estas no son las únicas noticias perturbadoras de los días pasados; el Fondo Monetario Internacional –FMI–, en su publicación del 7 de octubre, World economic outlook: a long and difficult ascent, revisa, con base en información de la evolución de la pandemia y la reactivación de la actividad económica en los diferentes países, las cifras de crecimiento tanto a nivel global como de países.

Con la excepción de China, las cifras de 2020 no son buenas para ninguno de los países. Mientras que la economía del mundo decrecerá un 4,4 %, la de América Latina y el Caribe lo hará en 8,1 % y la de Colombia caerá en 8,2 %. El 2021 será un mejor año para todos.

Para sus proyecciones, el FMI supone que la pandemia estará presente por un tiempo más, que el aislamiento social se extenderá a lo largo del 2021 y que los contagios solo disminuirán hacia finales de 2022.

Advierte, sin embargo, que estas podrían cambiar de acuerdo con lo que ocurra en términos de salud, que depende del comportamiento de las personas frente a la pandemia, y de la evolución de la actividad económica, que está determinada por el tipo de políticas que adopten los países.

No obstante, el FMI insiste en la necesidad de que los países enfrenten desde ya los retos complejos y conduzcan sus economías por el camino del alto crecimiento de la productividad, asegurándose a la vez de que las ganancias sean compartidas por todos y que la deuda pública se mantenga en niveles sostenibles.

Si bien la incertidumbre aún persiste, hoy contamos con más y mejor información que hace siete meses, cuando empezó la pandemia. Conocemos la magnitud del impacto que hasta el momento ha dejado y sabemos igualmente que no hay tiempo que perder para actuar y evitar un deterioro aún mayor de las condiciones sociales y económicas.

Esto implica, como lo sugiere el FMI, enfocarse en el crecimiento de la productividad, para lo cual es preciso llevar a cabo las reformas estructurales pendientes. En lo laboral, para mejorar la calidad del empleo y del ingreso; en lo fiscal, para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas; y en lo pensional, para una mayor equidad.

Igualmente, es importante concentrarse en la educación, para contrarrestar el impacto negativo del cierre de los colegios sobre el desarrollo del capital humano, así como en aumentar el gasto en actividades de I&D, innovación y adopción de tecnología.

No hacerlo hará que la recuperación sea más lenta y el país no se preparará para una próxima crisis.

Rosario Córdoba Garcés
Presidenta del Consejo Privado de Competitividad

Sobre el autor

Rosario Córdoba Garcés

Economista y Magister en Economía de la Universidad de los Andes. Actualmente se desempeña como presidente del Consejo Privado de Competitividad



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