Stakeholders vs. shareholders


25 noviembre, 2020
Este artículo fue publicado hace más de un año, por lo que es importante prestar atención a la vigencia de sus referencias normativas.

La Universidad de Oxford es un ejemplo para el mundo académico por muchas razones, empezando por su conexión histórica con la Royal Society, pasando por haber provisto 50 Premios Nobel y 120 medallistas olímpicos y por su serie de debates. En estos debates se estructuran posiciones totalmente fundadas sobre temas de relevancia para llegar a conclusiones que aporten a la construcción de conocimiento.

Aunque el tema ya ha sido tratado por esta institución en el pasado, uno de sus debates más recientes presenta la disyuntiva entre la teoría puramente capitalista al interior del ente económico y la responsabilidad social empresarial (aunque el término vaya entrando en desuso).

Es decir, ¿qué es lo que debe hacer el administrador de la empresa?: ¿buscar el máximo beneficio para sus accionistas?, o ¿preocuparse por el beneficio de sus partes interesadas? Una línea indica que, si los accionistas ganan jugosos dividendos, estos (en mayor o menor medida) serán reinvertidos en la empresa y, por consiguiente, se generará empleo y se pagarán más impuestos.

Por otra parte, esa posición no considera a sus empleados, pensionados, vecinos y otras partes interesadas en cuyo demérito es que, justamente, se alcanzan los mentados rendimientos. Si la sociedad rechaza a la empresa, si sus empleados no cuentan con elementos y ambientes para trabajar, si el medio ambiente es perjudicado, la empresa dejará de existir, y con ello los rendimientos de los accionistas.  ¿A quién se debe entonces el administrador?  Es decir: Stakeholders vs. shareholders.

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Si logramos ubicar a la empresa entre estas dos líneas de pensamiento, podremos ubicar también a los componentes que la hacen viable, como lo son su contabilidad, su auditoría, sus impuestos. Cuál es el sentido de crear empresa, ¿los rendimientos o el beneficio común?, y, a partir de ello, ¿cuál es el sentido de su información financiera y no financiera? ¿Es suficiente con pagar impuestos para aportar a la nación?, o ¿debería darse algo más para la comunidad?, y de hacerlo, ¿debe ser ello una exención (en forma de deducción o descuento) de su renta? ¿Quién es el principal destinatario de la información de la empresa, si es que hay uno solo? ¿El contador de la empresa se está preguntando eso al momento de la preparación, presentación y, sobre todo, revelación de la información financiera y no financiera?, ¿y al momento de certificar los respectivos estados financieros? ¿Ha cruzado esta inquietud la mente del auditor justo antes de firmar su dictamen?

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En una sociedad como la nuestra, donde quien aporta el capital, generalmente, también lo administra, donde las sociedades de capitales (y las figuras asociadas a ella, como la revisoría fiscal) están llamadas a su desuso, a su extinción o, por lo menos, a su modificación, vale la pena repensar el sentido de la empresa y, por ende, de su contabilidad. Las generaciones más jóvenes lo tienen claro: prefieren trabajar en una empresa que le dé un sentido a su labor, una que haga del mundo un lugar mejor, antes que en aquella que presenta unos rendimientos o un valor por acción cada vez más alto.

Donny Donosso Leal
Tomado de ContrapartidaDe Computationis Jure Opiniones
Número 5465, noviembre 23 de 2020

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  • 25 noviembre, 2020
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