Guía para cotizar servicios de revisoría fiscal para propiedades horizontales y conjuntos residenciales – Carlos Humberto Sastoque

  • Publicado: 03/07/2009
  • Última Actualización: 04/07/2009
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Este artículo fue publicado hace más de un año, por lo que es importante prestar atención a la vigencia de sus referencias normativas. Si detecta algún error, por favor avísenos haciendo click en Reportar un error (más abajo en esta misma página). Mil gracias.

Un artículo muy útil en el momento y muy serio, pero con matices de humor para alegrar un poquito a mis colegas.

Autor: Carlos Humberto Sastoque

La revisoría fiscal en las propiedades horizontales y los conjuntos residenciales  se ha convertido en una importante fuente de trabajo para los contadores públicos. Tanto que el Consejo Técnico de la Contaduría Pública le ha puesto atención especial a esta área de actividad y ha producido varias orientaciones profesionales, de la cuales está vigente la número 04 del 1º. de julio de 2008; la que reemplaza y deroga las orientaciones 03 del 29 de septiembre de 2001, 07 del 30 de septiembre de 2003 y 010 de diciembre de 2005. Y la Junta Central de Contadores tiene programadas conferencias sobre el tema, para los días 13 y 20 de marzo (ver “jccconta.gov.co”, link de eventos).

Particularmente en las grandes y medianas ciudades existen muchas de estas propiedades; pero no todas están obligadas a tener revisor fiscal. Según el artículo 56 de la ley 675 de 2001, deben tenerlo las propiedades de uso comercial y las de uso mixto –vivienda, comercio, industria y/o oficinas- y aquellas otras en las que sus estatutos así lo prevean o en las que la asamblea de copropietarios decida que lo haya.

Muchos colegas consideran que la revisoría horizontal en esta propiedades y conjuntos es una actividad de menor importancia y, por ello, no le prestan la debida atención, la ejercen con grandes deficiencias y, como si fuera poco, cobran muy barato –casi regalan- este servicio profesional.

Ojo: La normatividad legal colombiana no ha establecido responsabilidades menores ni imparciales para estas revisoría fiscal. Sé, por conocimiento directo que logré cuando fui asesor contable del departamento jurídico de la Junta Central de Contadores, que un alto porcentaje de denuncias contra contadores públicos por violaciones al Código de Ética se han instaurado contra revisores fiscales de propiedades horizontales y conjuntos residenciales y que el tribunal disciplinario –ante las evidencias innegables- ha aplicado bastantes sanciones a estos revisores fiscales.

Como una contribución a mis colegas que laboran en este campo o que deseen incursionar en él, les recomiendo tener en cuenta lo siguiente al cotizar sus servicios:

1. No presente su cotización o propuesta de servicios sin averiguar datos fundamentales, que le permitan calcular el tiempo que necesitará dedicar a su labor, para así presupuestar unos honorarios dignos. Es casi como casarse por internet sin conocer a su futuro cónyuge.

2. Intente ser un poquito chismoso. Averigüe cuántas unidades residenciales (casas o apartamentos) y cuántos locales comerciales, industriales o de oficinas tiene el edificio o conjunto residencial.

3. Hágase el simpático con la persona que le pueda dar más información. Cargue en el bolsillo unas chocolatinas de $300 o unas menticas para que le obsequie. Así rómpera el hielo y será más fácil obtener respuestas a sus interrogantes.

Pida que le permitan ver –por lo menos superficialmente- los estatutos de la copropiedad o conjunto residencia y el reglamento propio, para que así pueda tener una visión global de las actividades que funcionan bajo la responsabilidad de la administración, volumen y complejidad de operaciones.

4. Vuélvase mirón (pero no voyerista). Examine rápidamente los últimos estados financieros que estén disponibles, libros de contabilidad y documentos de soporte. Así podrá reforzar su visión sobre volumen y complejidad del trabajo a realizar como revisor fiscal.

5. Siga siendo chismoso. Pregunte qué construcciones, reparaciones y mantenimiento de cuantías importantes y duración larga se están haciendo en la copropiedad o están proyectadas para hacerse en los próximos meses. Si los hay, o habrá, esto podría significar que usted deberá dedicar tiempo adicional con  relación al originalmente previsto.

6. Hable con la persona encargada de la administración. No la trate de tu ni de ti. Solamente de usted. Tampoco le diga doctor o doctora: usted resultaría haciendo un oso tan grande como Barney. Dígale don o doña. Deje el tuteo y la confiancita para después de la conquista (si es que la logra). Pídale que le relate rápidamente los principales problemas y aspectos sobresalientes de la copropiedad. Pregúntele cuánto le pagan –por mes o por año- al revisor fiscal actual y, de ser posible, qué valor hay presupuestado para el nuevo período.

Probablemente, en un buen número de casos, no le darán esta información. En este caso le tocará presupuestar su tiempo y proponer una tarifa que usted considere justa; pero teniendo en cuenta que estas propiedades horizontales y conjuntos residenciales no acostumbran pagar honorarios altos.

Pero, sería bueno que usted nunca acepte honorarios mensuales por menos del equivalente a un salario mínimo mensual legal vigente. Cobrar menos es ridículo y atenta contra todos los profesionales de la contaduría pública. Y, ojalá pueda cobrar mucho más. Tenga en cuenta que los contadores públicos debemos alimentarnos muy bien, beber licores finos, vestirnos con elegancia y rumbear en sitios de calidad. Para eso hay que disfrutar de buenos honorarios.

Si cree que el presupuesto que tiene la entidad para sus honorarios está muy por debajo de lo que usted considera justo, no sigan perdiendo el tiempo. No haga cotización.

7. Si puede, hable con el revisor fiscal actual e indague con él muchas cosas sobre el volumen y complejidad del trabajo a realizar. Busque este contacto de manera diplomática. Recuerde que su colega no está obligado a darle información y que, talvez, se abstendrá de ello para no poner en riesgo su continuidad en el cargo y, por tanto, su cuchara. No se emberraque ni se estrese si él no le da datos. Despídase  muy amablemente, salga a la calle y respire profundo.

8. Llegue a su casa o a su oficina y analice con calma la información obtenida. Tómese un tinto bien calientito con un vaso de agua fría (primero un sorbo de agua fría y luego uno de tinto, es un placer enorme). No se le vaya a ocurrir fumar: sale costoso y resulta dañino para su salud y la de sus vecinos.

9. Encienda su computador y conéctese con “www.jccconta.gov.co”, haga clic en Consejo Técnico de la Contaduría Pública. En la columna de la izquierda coloque el cursor sobre el renglón “orientaciones” y luego ubique la orientación profesional número 4 del año 2008. Ábrala, léala atentamente y  tome conciencia de la responsabilidad profesional que deberá asumir si lo eligen como revisor fiscal.

10. Ahora sí comience a preparar su cotización o propuesta de servicios. Si usted no es muy duro para la redacción y la ortografía, consulte “www.rae.es” (allí encontrará los diccionarios virtuales de la Real Academia Española). No olvide colocar tildes donde sea necesario. O llame al profesor Bustillo (el de R. C. N.) o a Daniel Samper Pizano (el de El Tiempo y Carrusel) o al profesor Cleóbulo Rentaría (el académico de la lengua) para que lo ayuden. Seguramente que si usted tiene suerte y alguno de ellos le pasa al teléfono, podrá recibir magnífica asesoría gratuita para redactar una elegante propuesta. De lo contrario, échese la bendición (si no es ateo) y siga adelante con el contenido de su cotización. No se le vaya a ocurrir llamar a Daniel Samper Ospina –el de SOHO- por obvias razones.

Le sugiero que, en orden, incluya por lo menos los siguientes puntos:

  •   Objeto.
  •   Alcance.
  •   Metodología aplicable.
  •   Programa de trabajo.
  •   Requerimientos de información.
  •   Espacio físico y equipos necesarios.
  •   Informes a presentar.
  •   Honorarios y forma de pago.

11. Lea y relea dos o tres veces, con calma, la propuesta redactada. Hágale las modi-

ficaciones y correcciones necesarias. Si puede, pídale a una persona que usted sepa que es hábil para redactar bien y con  buena ortografía que le revise su propuesta y le aconseje correcciones. Haga los arreglos necesarios y ponga a funcionar en su computador el corrector de ortografía. Pero no siempre le vaya a hacer caso a este corrector; pues a veces resulta m.f.t.

12. Hechas todas las correcciones, pídale a su computador “vista preliminar”, mueva 

los párrafos para que queden bien distribuídos en las páginas. Ordene impresión (pero, antes, verifique que la impresora tenga tinta o toner y que está conectada), arme sus paquetes –por lo menos en original y copia- y ánimese a llevar o enviar su propuesta.

13. Si usted encuentra errores en esto que he escrito o no comparte mi orientación,

por favor, haga un acto de caridad y perdóneme. No  me haga recordar a mi madrecita. Ella  era una santa, murió hace siete años y no tiene la culpa de que yo sea tan burro.

Si este escrito le resulta útil, no me dé las gracias. Solamente disfrute de su trabajo y de sus honorarios. Y cuando compre whisky fino, invíteme!