Mucho se debate sobre el tema de las modificaciones que quieren, y deben, hacerse en materias sustantiva (de fondo) y procedimental (de forma) al Sistema Tributario Nacional.
Son ciertas las advertencias que lo señalan como complejo, generador de desestÃmulo empresarial, casuista, inequitativo, alejado de la realidad empresarial mundial, desarticulado, e instigador de evasión y corrupción tanto por su conformación como por su administración.
Ante tal situación, preocupante y grave, debemos advertir el indispensable cuidado que debe tenerse para no incrementar las tasas efectivas y para no entrabar más aún la maraña que ahora existe para cumplir con lo fiscal.
El cambio ha de tocar el fondo de las cosas para ofrecer equidad; simplificación; transparencia; eficiencia; y seguridad jurÃdico tributaria a todos los negocios, no solo a aquellos que quieren, y pueden, celebrar “contratos de estabilidad”, vergonzosa confirmación ellos de la falta de orden y de permanencia en el sistema.
La reforma habrá de hacer equivalentes las condiciones fiscales de los diferentes actores; igualar los parámetros contable, comercial y tributario; respetar polÃticas impositivas establecidas tiempo atrás, que se encuentran en aplicación y desarrollo por los contribuyentes; cumplir la lealtad empresarial respetando beneficios fiscales ofrecidos en épocas anteriores, precisamente para salir de una crisis; dar una verdadera entrada al fondo sobre la forma (atemperándose asà a la Constitución Nacional); y eliminar toda opción de subjetivismo para calificar la correlación entre ingresos y gastos.
Digamos desde ya que la Reforma no es necesaria desde el punto del ingreso porque el tema presupuestal se soluciona con lo que hay, aplicando dos medidas administrativas: una, la fiscalización a la generalidad de la población; y otra, el taponamiento de las venas rotas de la corrupción.
No hay paÃs que pueda desarrollarse, ni presupuesto que alcance, cuando el desgreño y la podredumbre ética se enseñorean en la cosa pública. Lo que debe implementarse entonces es una valiente y decidida guerra a la informalidad y al contrabando, meter en cintura fiscal a los omisos y evasores, y ejercer con vehemencia penas privativas de la libertad para el corrupto, para el corruptor y para el juez que mal aplique la ley.
No debemos quedarnos en el manido argumento y la simple herramienta de “aumentar los recaudos” por la fácil vÃa de las tasas efectivas (asà las nominales bajen). Hagámosle a la cultura de “todos en el escenario”, y que vayan a la cárcel quienes sustraen para sà o para terceros aquello destinado a las necesidades generales, nunca para favorecer bolsillos particulares.
Si aumentamos los ingresos porque los impuestos los paguen todos, no solo los formales; y si cerramos la alcantarilla de la ruin y asqueante sustracción de los dineros públicos, veremos un paÃs que hará superavitario su presupuesto fiscal.
Hagamos una Reforma Tributaria para agilizar y dar eficiencia a los negocios; al tiempo ejecutemos un ataque frontal a la evasión, al contrabando, a la corrupción y a la impunidad. Con ello veremos que Colombia sà tiene con qué !.
Autor:
Luis Hernando Franco Murgueitio
Director
FRANCO MURGUEITIO & ASOCIADOS S.A – ASESORES LEGALES Y TRIBUTARIOS
¿Hemos cometido un error? ¡Reporta una corrección!
Comentarios