Tomar decisiones: clave para alcanzar el éxito – Otto González Alonso


12 abril, 2017
Este artículo fue publicado hace más de un año, por lo que es importante prestar atención a la vigencia de sus referencias normativas.

¡Busque que el riesgo de una decisión equivocada sea mínimo!

Esta y las próximas tres columnas hablaremos de cómo tomar decisiones minimizando el riesgo de acuerdo con la materialidad del hecho, pues dijimos que en tomar decisiones y actuar, está la clave del éxito. Una cita anónima reza lo siguiente, “Lo único que hay peor que comenzar algo y fracasar es… No comenzar nada”.

Es necesario tomar decisiones, vencer el miedo, actuar. Ahora bien, para tomar decisiones, se necesita carácter, para tener carácter, desarrollarbuenos hábitos, para desarrollar buenos hábitos se necesita disciplina y para la disciplina,humildad, sencillez, perseverancia y fe.

Puede ser que, como me sucedió a mí, usted tenga una noción equivoca de la fe. Es necesario comprenderla en todo su significado. La vida es una secuencia de decisiones y acciones, y sin embargo, no sabemos tomarlas, o, lo que es más grave, no nos preparamos para tomar decisiones. Ante la primera dificultad nos arredramos, o, como se dice vulgarmente, “tiramos la toalla”.

En los dos últimos siglos la educación continúa estando centrada mayormente en la ciencia, en lo técnico, en las competencias, olvidándose de formar al hombre, sus hábitos, su carácter. No nos forman en hábitos (formas de actuar que adquirimos por la repetición y convertimos en costumbre) que determinen un carácter, una manera de actuar ante la vida, de enfrentar los riesgos que ella nos ofrece, de saber medirlos y tomar decisiones, perdiendo el temor y venciendo el miedo.

Somos esclavos de nuestros miedos, la vida se va pasando sin vencerlos, sin siquiera comprobar si ellos son ciertos. Fracasamos sin remedio, sin tomar decisiones, sin actuar. Acumulamos frustraciones, culpas, auto-culpas, envidias y resentimientos como fardos que pesan en nuestras espaldas hasta finalmente doblegarnos sin remedio.

No se cómo estará usted hoy. Si ya venció sus temores o si ellos le vencieron y está deprimido y sin esperanza, si trata de luchar y no sabe cómo hacerlo. En todo caso, reflexione sobre estas otras frases:

  • fallar a menudo es hasta ahora la mejor forma conocida de llegar más rápido al éxito” – Tom Kelley.
  • “El fracaso es la oportunidad de comenzar de nuevo, pero con más inteligencia” – Henry Ford

Si quiere disfrutar lo conseguido, si quiere llenar su vida de esperanzas y de sueños, si quiere luchar hasta alcanzar la felicidad y el éxito, tiene que dar el primer paso: tome la decisión de aprender a correr riesgos, a medir sus impactos y actuar.

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Aprender a tomar decisiones y actuar: ¡Ese el secreto! ¿Cómo empezar? Piense que toda decisión es buena o mala antes de tomarla, pero, una vez tomada siempre deberá ser buena. En consecuencia, una vez tomada una decisión debemos llevarla adelante salvo que nuestra vida (espiritual y material) o nuestra dignidad estén en peligro. Algunos incluso han arriesgado su vida por salvar la dignidad o no apartarse de Dios (a esos los recordamos como héroes o mártires).

Reflexione con honestidad ¿Cuántos de sus sueños no se han hecho realidad porqué nunca se decidió a luchar por obtenerlos? Y ¿cuántos más murieron porque no midió los riesgos y los abandonó a la primera dificultad, o lo que es peor, por temores y por miedos? Otra frase para meditar: “Si tropiezas y caes al suelo, levántate enérgicamente. Si vuelves a tropezar, vuélvete a levantar. Si tropiezas una tercera vez, no camines, siéntate y analiza cual es el motivo por el que tropiezas”. A.A. Entonces el secreto será saber evaluar todos los factores que afectan mi decisión.

“Mis maestros contables me enseñaron que toda decisión debe tener en cuenta el riesgo y la materialidad. En palabras sencillas toda acción implica un riesgo”

Aprendiendo a hacerlo con método, con rapidez y oportunidad. Si ayer perdíamos por no actuar a tiempo, hoy el tiempo no existe. Miles y miles de personas en este mundo globalizado están pensando en ese mismo sueño, en este mismo y preciso instante. Así que, si demoro mi decisión ya estaré superado por otros y mi sueño estará muerto. Y de nuevo, ¿cómo hacerlo? Mis maestros contables me enseñaron que toda decisión debe tener en cuenta el riesgo y la materialidad. En palabras sencillas toda acción implica un riesgo:

  • De salud: ¿si lo hago puedo afectar mi salud, mejorarla?
  • Financiero: ¿si lo hago afectaré mi patrimonio, me endeudaré, dañaré mi crédito?
  • Comercial: ¿será la mejor inversión?
  • Profesional: ¿afectaré mi nombre, me abriré nuevos campos, generaré nuevas oportunidades?, ¿amenazas?
  • De honor o dignidad: ¿si lo hago entrego mi dignidad?, ¿mis valores?, ¿mi vida social? ¿Qué daño o beneficio puede tener mi decisión para los demás, para la comunidad?
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En fin, riesgos religiosos, políticos, culturales, económicos, etc. Y toda decisión puede tener efectos menores o mayores, según sea el caso. No es lo mismo la materialidad del acto si se trata de comprar un vestido, un vehículo, una casa, un edificio, una hacienda. No es lo mismo decidir si establezco una amistad con alguien, a decidir si me caso con esa persona. No es lo mismo herir a alguien en legítima defensa de la vida que agredirlo premeditadamente. No es lo mismo equivocarme de buena fe que incitar a otros a obrar mal, intencionalmente.

En cada decisión, siempre hacemos lo mismo: medimos el riesgo y los efectos de tomarla (materialidad). Sin embargo, no nos preparamos para medir el riego y menos para cuantificarlo, simplemente lo tomamos o lo que es peor, nos privamos de actuar y luego nos sentimos fracasados, sin siquiera atrevernos a intentarlo. Una frase más: “Únicamente aquellos que se atreven a tener grandes fracasos, terminan consiguiendo grandes éxitos” –Robert F. Kennedy

Volvamos aquí, a la reflexión propuesta: Las decisiones son buenas o malas antes de tomarlas. Una vez tomadas siempre deben ser buenas y debemos llevarlas adelante salvo que la vida o la dignidad estén en riesgo. Por eso debemos evaluarlas previamente con toda la información y asesoría necesarias. Buscando que sea mínimo el riesgo de una decisión equivocada.

Como es obvio, dependiendo del riesgo y su materialidad (importancia), esa evaluación será más o menos complicada. El proceso será más sencillo o dispendioso.  Prueba a medir riesgo y materialidad, por ejemplo, entre:

  1. Comer o no una hamburguesa versus ingerir o no, cocaína o marihuana.
  2. Arrendar o no una vivienda versus comprarla.
  3. Mantener mi actual cargo versus aceptar una nueva oferta de trabajo.
  4. Mantenerme un tiempo más soltero versus casarme (en este caso mira con calma si los factores a tener en cuenta son simplemente románticos o los reales cómo compartir mi libertad, adquirir una nueva familia, compartir o no mis bienes, la posibilidad de engendrar hijos, le necesidad de buena salud, etc.)
  5. Si se atreve piense en ese sueño de triunfar en los negocios, de alcanzar la máxima posición en una empresa, en el deporte, en el arte, en su país, etc., y evalúe sus riesgos y materialidad frente a otras alternativas. Cada vez será más difícil pero el método es el mismo.
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Siguiendo este sencillo ejemplo y una vez establecido el problema o el objetivo propuesto (tus sueños), siga estos pasos:

  1. Evaluar la materialidad de la decisión (importancia, efectos, resultados).
  2. Evaluar los riesgos inherentes a ella.
  3. Preguntarse qué otro factor pudiera afectarla.
  4. Si es posible compararla con otra alternativa y sopesarla.
  5. Una vez decidido, actuar para ponerla en práctica.

Los problemas son más complejos y las decisiones adquieren magnitudes importantes. Al enfrentarlas podrías preguntarte como el “chapulín colorado” del mexicano Roberto Gómez Bolaños: ¿Y ahora quién podrá ayudarme (ayudarnos)?

Desde la administración podemos encontrar teorías e información que pueden servirnos de apoyo, igual que, las biografías de los grandes hombres y mujeres de la historia humana, experiencias de quienes han vivido situaciones similares, “El Maravilloso Libro”, la oración y disciplinas como, la economía, la psicología, las matemáticas, la estadística, la financiera, etc.

Finalicemos como siempre, con aforismos y citas populares:

  • “Si vas a caminar 14.000 millas empieza ya”. (proverbio chino),
  • El mundo es de los valientes, atrévete a correr riesgos, solo mídelos, prepárate y actúa
  • Aprende a recibir ayuda, a escuchar, acude a los sabios, asesórate lo mejor que puedas”.
  • No olvides vivir en equilibrio con los demás, contigo mismo, con la naturaleza, con tu espíritu y con Dios”.
  • Yo no soy un producto de mis circunstancias. Soy un producto de mis decisiones”. Stephen Covey.
  • Nunca se puede cruzar el océano hasta que tenga el coraje de perder de vista la costa”. Cristóbal Colón.

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  • 12 abril, 2017
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